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Reina Valera Contemporánea (RVC)
Version
Josué 1-4

Preparativos para la conquista

Después de la muerte de Moisés, el siervo del Señor, habló el Señor con Josué hijo de Nun, que era siervo de Moisés, y le dijo:

«Moisés, que fue mi siervo, ha muerto. De ahora en adelante tú estarás al frente del pueblo. Crucen ahora juntos el Jordán, este pueblo y tú, y vayan a la tierra que voy a darles a los hijos de Israel. Tal y como se lo prometí a Moisés, voy a darles cada lugar donde pongan los pies. Su territorio se extenderá desde el desierto y el Líbano, hasta el gran río Éufrates, y toda la tierra de los hititas, hasta el mar grande, donde se pone el sol. Mientras vivas, nadie podrá hacerte frente,(A) porque yo estaré contigo como antes estuve con Moisés. No te dejaré, ni te desampararé.(B) Esfuérzate y sé valiente,(C) porque tú serás quien reparta a este pueblo, como herencia, la tierra que juré a sus padres que les daría. Pero tienes qué esforzarte y ser muy valiente. Pon mucho cuidado y actúa de acuerdo con las leyes que te dio mi siervo Moisés. Nunca te apartes de ellas, ni a la derecha ni a la izquierda, y así tendrás éxito en todo lo que emprendas. Procura que nunca se aparte de tus labios este libro de la ley. Medita en él de día y de noche, para que actúes de acuerdo con todo lo que está escrito en él. Así harás que prospere tu camino, y todo te saldrá bien. Escucha lo que te mando: Esfuérzate y sé valiente. No temas ni desmayes, que yo soy el Señor tu Dios, y estaré contigo por dondequiera que vayas.»

10 Entonces Josué les ordenó a los oficiales del pueblo:

11 «Recorran todo el campamento y díganle al pueblo que prepare comida, porque dentro de tres días ellos cruzarán el Jordán para tomar la tierra que el Señor nuestro Dios va a darles.»

12 Josué habló también con los rubenitas y los gaditas, y con la media tribu de Manasés, y les dijo:

13 «Acuérdense de que Moisés, el siervo del Señor, les dijo que el Señor es también el Dios de ustedes, y que les dará reposo en esta tierra. 14 En la tierra que Moisés les dio a ustedes de este lado del Jordán se quedarán las mujeres, los niños y los ganados; pero todos los hombres valientes y fuertes que haya entre ustedes tomarán las armas y marcharán al frente de sus hermanos, para ayudarlos 15 hasta que el Señor les haya dado reposo a sus hermanos y también ellos hayan tomado posesión de la tierra que el Señor su Dios va a darles. Después de eso, ustedes podrán regresar a la tierra que han heredado en este lado del Jordán, la que Moisés, el siervo del Señor, les ha dado del lado donde nace el sol. Entonces podrán tomar posesión de ella.»(D)

16 Ellos le respondieron a Josué:

«Haremos todo lo que nos has mandado, e iremos a dondequiera que nos digas. 17 Así como obedecimos a Moisés en todo, también te obedeceremos a ti. Sólo esperamos que el Señor nuestro Dios esté contigo como estuvo con Moisés. 18 Todo el que sea rebelde y no obedezca tus órdenes, será condenado a muerte. Pero tú, tienes que esforzarte y ser valiente.»

Josué envía espías a Jericó

Desde Sitín, Josué hijo de Nun envió en secreto a dos espías, y les dijo:

«Vayan y hagan un reconocimiento de esas tierras, y de la ciudad de Jericó.»

Ellos fueron y entraron en casa de una ramera, de nombre Rajab,(E) y allí pasaron la noche. Pero alguien los vio, y fue a darle aviso al rey. Le dijo:

«Debes saber que unos israelitas han llegado esta noche para espiar nuestra tierra.»

Entonces el rey mandó a decir a Rajab:

«Saca a los hombres que han llegado a tu casa, pues han venido a espiar nuestras tierras.»

Pero ella había escondido ya a los dos hombres, y respondió:

«Es verdad que unos hombres vinieron a mi casa, pero no me enteré de dónde eran. Como ya era de noche, esos hombres salieron cuando ya se iba a cerrar la puerta de la ciudad, y no sé a dónde se fueron. Si van tras ellos, tal vez los alcancen.»

Pero ella les había dicho a los espías que subieran a la azotea, y los había escondido entre los manojos de lino que allí había. Sus perseguidores se fueron por el camino del Jordán, hasta los vados, y en cuanto salieron de la ciudad cerraron la puerta.

Antes de que los espías se durmieran, la mujer subió a la azotea y les dijo:

«Yo sé que el Señor les ha dado esta tierra. Todos los habitantes del país les tienen miedo. Por causa de ustedes están tan atemorizados, que su ánimo está por los suelos. 10 Sabemos que, cuando ustedes salieron de Egipto, el Señor hizo que el Mar Rojo se secara(F) al paso de ustedes. También sabemos lo que ustedes hicieron con Sijón y Og, los dos reyes amorreos al otro lado del Jordán, a quienes ustedes destruyeron.(G) 11 Cuando lo supimos, nuestro ánimo decayó. Por culpa de ustedes, ya no les queda ánimo a nuestros hombres, pues el Señor es Dios en los cielos y en la tierra. 12 Por eso les ruego que me juren por el Señor, que así como yo he tenido misericordia de ustedes, también ustedes la tengan con la casa de mi padre. Pero deben darme una señal segura 13 de que la vida de mi padre y de mi madre, de mis hermanos y hermanas, y de todo lo que es de ellos, serán libradas de la muerte.»

14 Ellos le respondieron:

«Con nuestra vida respondemos por la vida de ustedes. Si ustedes no nos denuncian, puedes estar segura de que, cuando el Señor nos haya dado la tierra, tendremos misericordia de ti.»

15 Entonces, con una cuerda, ella los descolgó por la ventana, porque la casa en la que vivía estaba pegada a la muralla de la ciudad. 16 Luego les dijo:

«Váyanse al monte, para que sus perseguidores no los encuentren. Escóndanse allí unos tres días, hasta que ellos regresen; después, podrán irse por donde vinieron.»

17 Ellos le dijeron:

«Nosotros te hemos hecho un juramento, y lo vamos a cumplir. Así quedaremos libres de culpa. 18 Pero tú debes atar este cordón rojo en la ventana por donde nos descolgaste. Eso nos servirá de señal cuando entremos a la ciudad. Reúne en tu casa a toda tu familia, es decir, a tu padre y a tu madre, y a todos tus hermanos y parientes. 19 Todos los que estén contigo dentro de esta casa, estarán a salvo. Si algo les pasa, nosotros cargaremos con la culpa de su muerte. Pero todo el que salga de las puertas de tu casa, será culpable de su propia muerte, y nosotros no cargaremos con la culpa. 20 Si tú nos denuncias, quedaremos libres del juramento que nos has obligado a hacerte.»

21 Y ella respondió:

«Hágase todo tal y como lo han dicho.»

Luego los despidió, y en cuanto se fueron ella ató el cordón rojo a la ventana. 22 Los espías se fueron al monte, y allí estuvieron tres días, hasta que sus perseguidores, que los anduvieron buscando por todo el camino, regresaron porque no los encontraron. 23 Los dos hombres salieron del monte, cruzaron el río, y se fueron a ver a Josué hijo de Nun para contarle todo lo que les había sucedido. 24 Le dijeron:

«El Señor ha puesto esta tierra en nuestras manos. Por causa nuestra, todos los habitantes del país han perdido el ánimo.»

El paso del Jordán

Por la mañana, muy temprano, Josué y todos los hijos de Israel se levantaron y partieron de Sitín. Al llegar al Jordán, se quedaron allí antes de cruzarlo. Tres días después, los oficiales recorrieron el campamento y le dijeron al pueblo:

«Cuando vean a los sacerdotes levitas llevar el arca del pacto del Señor su Dios, ustedes deberán salir de donde estén y marchar tras ella para que conozcan el camino, pues ustedes nunca han pasado por ahí. Pero no deben acercarse al arca, sino mantenerse a una distancia de dos mil codos.»

Y Josué le dijo al pueblo:

«Purifíquense, porque mañana el Señor hará maravillas en medio de ustedes.»

Luego, Josué llamó a los sacerdotes y les dijo:

«Tomen el arca del pacto, y crucen el río delante del pueblo.»

Y ellos la tomaron y guiaron al pueblo. Entonces el Señor le dijo a Josué:

«Hoy mismo voy a darte mayor autoridad ante todo el pueblo de Israel, para que sepan que estoy contigo, como antes estuve con Moisés. A los sacerdotes que llevan el arca del pacto diles que, tan pronto como lleguen a la orilla del río Jordán, se detengan allí.»

Josué llamó entonces al pueblo de Israel. Cuando ellos se acercaron, les dijo:

«Escuchen las palabras del Señor su Dios. 10 Ustedes sabrán que el Dios de la vida está en medio de ustedes, en que él va a limpiar esta tierra de cananeos, hititas, jivitas, ferezeos, gergeseos, amorreos y jebuseos. 11 Aquí está el arca del pacto del Señor de toda la tierra. A la vista de ustedes ella va a cruzar el Jordán hasta la mitad del río. 12 Escojan a doce hombres de las tribus de Israel, uno de cada tribu, 13 y cuando los sacerdotes que llevan el arca del Dios y Señor de toda la tierra planten su pie en las aguas del Jordán, éstas se partirán en dos, y las aguas que vienen de río arriba se detendrán y se acumularán hasta formar un muro.»

14 El pueblo salió entonces de sus tiendas de campaña, dispuesto a cruzar el Jordán. Delante de ellos iban los sacerdotes que llevaban el arca del pacto. 15 El río Jordán suele desbordarse durante el tiempo de la siega, así que en cuanto los sacerdotes entraron en el río y sus pies se mojaron en la orilla, 16 las aguas que fluían de río arriba se detuvieron y se acumularon lejos de la ciudad de Adán, a un costado de Saretán, mientras que las aguas que bajaban al mar del Arabá y al Mar Salado se secaron por completo. Así las aguas del Jordán quedaron divididas, y el pueblo pasó y se encaminó hacia Jericó. 17 Mientras tanto, los sacerdotes que llevaban el arca del pacto del Señor se detuvieron en medio del Jordán, hasta que todo el pueblo terminó de cruzarlo sobre terreno seco.

Las doce piedras del Jordán

Cuando toda la gente terminó de cruzar el Jordán, el Señor le dijo a Josué:

«Elijan ustedes de entre el pueblo doce hombres, uno por cada tribu, y díganles que tomen doce piedras de en medio del Jordán, de donde están parados los sacerdotes, y que se las lleven y las pongan donde van a pasar la noche.»

Josué llamó entonces a los doce hombres que había escogido de entre los hijos de Israel, uno por cada tribu, y les dijo:

«Pasen ahora delante del arca del Señor nuestro Dios, hasta la mitad del Jordán, y tome cada uno de ustedes una piedra y échesela al hombro, una por cada tribu de los hijos de Israel. Cada una de ellas será una señal. Y el día de mañana, cuando los hijos les pregunten a sus padres qué significan estas piedras, ellos les responderán: “Cuando el pueblo cruzó el Jordán, las aguas del río se partieron en dos delante del arca del pacto del Señor. Así que estas piedras son para que los hijos de Israel recuerden siempre lo que aquí pasó.”»

Los hijos de Israel hicieron lo que Josué les mandó, tal y como el Señor se lo había dicho a Josué: tomaron doce piedras de en medio del Jordán, conforme al número de las tribus de los hijos de Israel, y las llevaron al lugar donde iban a acampar, y allí las pusieron. Además, Josué tomó otras doce piedras de en medio del Jordán, de donde los sacerdotes que llevaban el arca del pacto plantaron sus pies, y las levantó como monumento. Hasta el día de hoy las piedras están allí. 10 Los sacerdotes que llevaban el arca se pararon en medio del Jordán hasta que el pueblo hizo todo lo que el Señor le había ordenado a Josué, cumpliendo así con todo lo que Moisés le había mandado hacer. El pueblo se apresuró a cruzar el río.

11 En cuanto el pueblo todo terminó de cruzar, cruzaron también el arca del Señor y los sacerdotes, en presencia del pueblo. 12 Delante de Israel pasaron también los hijos de Rubén y de Gad y la media tribu de Manasés, que iban armados en obediencia a lo que Moisés les había dicho. 13 Eran como cuarenta mil hombres armados y listos para la guerra, Pasaron delante del Señor y se dirigieron a la llanura de Jericó. 14 Ese día el Señor le dio plena autoridad a Josué delante de todo Israel. Y ellos lo respetaron durante toda su vida, como antes habían respetado a Moisés.

15 El Señor le dijo a Josué:

16 «Ordena a los sacerdotes que llevan el arca del testimonio, que salgan del Jordán.»

17 Y Josué les dio a los sacerdotes la orden de salir del Jordán, 18 y cuando los sacerdotes que llevaban el arca del pacto del Señor salieron de en medio del Jordán, y pisaron tierra seca, las aguas volvieron a su cauce y siguieron corriendo y desbordándose como antes.

19 El pueblo cruzó el Jordán el día diez del mes primero, y acampó en Gilgal, en el extremo oriental de Jericó. 20 Allí en Gilgal, Josué levantó las doce piedras que habían tomado del Jordán, 21 y les habló a los hijos de Israel de esta manera:

«El día de mañana, cuando los hijos pregunten a sus padres qué es lo que significan estas piedras, 22 ustedes les harán saber que Israel cruzó este río sin mojarse los pies, 23 porque el Señor nuestro Dios secó el río mientras nosotros lo cruzábamos, tal y como lo hizo con el Mar Rojo, que también lo secó delante de nosotros, hasta que lo cruzamos. 24 Lo hizo así, para que todos los pueblos de la tierra sepan que la mano del Señor es poderosa, y para que ustedes honren siempre al Señor nuestro Dios.»

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