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Proverbios 29Reina-Valera 1995 (RVR1995)

29 El hombre que, al ser reprendido, se vuelve terco,
de repente y sin remedio será quebrantado.
Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra;
cuando domina el malvado, el pueblo gime.
El hombre que ama la sabiduría alegra a su padre;
el que frecuenta rameras perderá los bienes.
El rey que actúa con justicia afirma el país;
el que sólo exige tributos, lo destruye.
El hombre que lisonjea a su prójimo
le tiende una red delante de sus pasos.
En la transgresión del hombre malo está su propia trampa,
pero el justo canta con alegría.
El justo está atento a la causa de los pobres;
el malvado no entiende que eso es sabiduría.
Los hombres escarnecedores alborotan la ciudad;
los sabios calman la ira.
Si el hombre sabio disputa con el necio,
sea que se enoje o que se ría, no tendrá reposo.
10 Los hombres sanguinarios aborrecen al íntegro,
pero los rectos procuran agradarle.
11 El necio da rienda suelta a toda su ira,
pero el sabio, al fin, la apacigua.
12 Si un gobernante hace caso a la mentira,
todos sus servidores serán malvados.
13 El pobre y el usurero tienen en común
que Jehová alumbra los ojos de ambos.
14 Para siempre será firme el trono del rey
que conforme a la verdad juzga a los pobres.
15 La vara y la corrección dan sabiduría,
pero el muchacho consentido avergüenza a su madre.
16 Cuando los malvados son muchos, mucha es la transgresión;
pero los justos verán la ruina de ellos.
17 Corrige a tu hijo y te dará descanso,
y dará alegría a tu alma.
18 Cuando falta la profecía, el pueblo se desenfrena,
pero el que guarda la Ley es bienaventurado.
19 Al siervo no se le corrige con palabras,
porque entiende, pero no hace caso.
20 ¿Has visto un hombre ligero de palabra?
Pues más puede esperarse de un necio que de él.
21 El siervo que desde la niñez es mimado por su amo,
a la postre será su heredero.
22 El hombre iracundo provoca contiendas;
el furioso, a menudo peca.
23 La soberbia del hombre le acarrea humillación,
pero al humilde de espíritu lo sustenta la honra.
24 El cómplice del ladrón se aborrece a sí mismo,
pues oye la maldición pero no le denuncia.
25 El temor del hombre le pone trampas;
el que confía en Jehová está a salvo.
26 Muchos buscan el favor del príncipe,
pero de Jehová procede la justicia para todos.
27 Abominable es para los justos el hombre inicuo,
y abominable es para el malvado el de caminos rectos.

Reina-Valera 1995 (RVR1995)

Copyright © 1995 by United Bible Societies

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