Mensaje para Babilonia(A)

50 La palabra del Señor acerca de los babilonios y de su país vino al profeta Jeremías:

«¡Anuncien y proclamen entre las naciones!
    ¡Proclámenlo, levanten un estandarte!
No oculten nada, sino digan:
    “¡Babilonia será conquistada!
¡Bel quedará en vergüenza!
    ¡Marduc quedará aterrado!
¡Sus imágenes quedan humilladas,
    y aterrados sus ídolos!”
Porque la ataca una nación del norte,
    que dejará desolada a su tierra.
Hombres y animales saldrán huyendo,
    y no habrá nadie que la habite.

»En aquellos días, en aquel tiempo,
    la gente de Israel y de Judá
    irá llorando en busca del Señor, su Dios
            —afirma el Señor—.
Preguntarán por el camino de Sión,
    y hacia allá se encaminarán.
Vendrán y se aferrarán al Señor
    en un pacto eterno, que ya no olvidarán.

»Mi pueblo ha sido como un rebaño perdido;
    sus pastores lo han descarriado,
    lo han hecho vagar por las montañas.
Ha ido de colina en colina,
    y se ha olvidado de su redil.
Todos los que lo encuentran lo devoran;
    “No somos culpables —decían sus enemigos—,
porque ellos pecaron contra el Señor;
    ¡él es morada de justicia,
    esperanza de sus antepasados!”

»¡Huyan de Babilonia;
    abandonen ese país!
Sean como los machos cabríos
    que guían a las ovejas.
Porque yo movilizo contra Babilonia
    una alianza de grandes naciones del norte.
Se alistarán contra ella,
    y desde el norte será conquistada.
Sus flechas son como expertos guerreros
    que no vuelven con las manos vacías.
10 Babilonia será saqueada,
    y todos sus saqueadores se saciarán
            —afirma el Señor—.

11 »¡Ustedes, que saquean mi heredad,
    alégrense y regocíjense!
¡Salten como terneros en la pradera,
    relinchen como sementales!
12 Pero la patria de ustedes
    quedará humillada;
    la que les dio la vida quedará en vergüenza.
Será la última de las naciones;
    se convertirá en sequedal, desierto y estepa.
13 Por el enojo del Señor
    no será habitada,
    sino que quedará en desolación.
Todo el que pase por Babilonia
    quedará pasmado al ver todas sus heridas.

14 »¡Tomen posiciones alrededor de Babilonia,
    todos los que tensan el arco!
¡Dispárenle, no escatimen flechas,
    porque ha pecado contra el Señor!
15 Griten en torno de ella:
    ¡Babilonia se rinde!
¡Cayeron sus torres,
    se derrumbaron sus muros!
¡Esta es la venganza del Señor!
    ¡Vénguense de ella!
    ¡Páguenle con la misma moneda!
16 Exterminen al que siembra en Babilonia,
    y al que maneja la hoz en la cosecha.
Ante la espada del opresor,
    cada uno retorna a su pueblo,
    cada cual huye a su país.

17 »Israel es como un rebaño descarriado,
    acosado por los leones.
Primero lo devoró el rey de Asiria,
    y luego Nabucodonosor, rey de Babilonia,
    le quebró todos los huesos».

18 Por eso, así dice el Señor Todopoderoso, el Dios de Israel:

«Castigaré al rey de Babilonia y a su país
    como castigué al rey de Asiria.
19 Haré que Israel vuelva a su prado
    y que se alimente en el Carmelo y en Basán.
Su apetito quedará saciado
    en las montañas de Efraín y Galaad.
20 En aquellos días se buscará la iniquidad de Israel,
    pero ya no se encontrará.
En aquel tiempo se buscarán los pecados de Judá,
    pero ya no se hallarán,
    porque yo perdonaré a los que deje con vida
            —afirma el Señor—.

21 »¡Ataca el país de Meratayin
    y a los que viven en Pecod!
¡Mátalos, destrúyelos por completo!
    ¡Cumple con todas mis órdenes!
            —afirma el Señor—.
22 ¡En el país hay estruendo de guerra
    y de impresionante destrucción!
23 ¡Cómo ha sido quebrado y derribado
    el martillo de toda la tierra!
¡Babilonia ha quedado desolada
    en medio de las naciones!
24 Te tendí una trampa, y en ella caíste
    antes de que te dieras cuenta.
Fuiste sorprendida y apresada,
    porque te opusiste al Señor.
25 El Señor ha abierto su arsenal,
    y ha sacado las armas de su ira;
el Señor omnipotente, el Todopoderoso,
    tiene una tarea que cumplir
    en el país de los babilonios.
26 ¡Atáquenla desde los confines de la tierra!
    ¡Abran sus graneros!
¡Amontónenla como a las gavillas!
    ¡Destrúyanla por completo!
    ¡Que no quede nada de ella!
27 ¡Maten a todos sus novillos!
    ¡Llévenlos al matadero!
¡Ay de ellos, pues les ha llegado el día,
    el día de su castigo!
28 Se oye la voz de los fugitivos,
    de los que escaparon de Babilonia;
vienen a anunciar en Sión
    la venganza del Señor, nuestro Dios,
    la venganza por su templo.

29 »Recluten contra Babilonia a los arqueros,
    a todos los que tensan el arco;
acampen a su alrededor,
    y que no escape ninguno.
Retribúyanle según sus obras,
    páguenle con la misma moneda.
Porque ella ha desafiado al Señor,
    al Santo de Israel.
30 Por eso en aquel día
    caerán sus jóvenes en las calles
    y perecerán todos sus soldados
            —afirma el Señor—.

31 »Estoy contra ti, nación arrogante
            —afirma el Señor, el Señor Todopoderoso—;
al fin ha llegado el día,
    el día de tu castigo.
32 El arrogante tropezará y caerá,
    y no habrá quien lo ayude a levantarse.
Prenderé fuego a todas sus ciudades,
    fuego que consumirá cuanto le rodea».

33 Así dice el Señor Todopoderoso:

«Israel y Judá son pueblos oprimidos;
    sus enemigos los tienen apresados,
    no los dejan en libertad.
34 Pero su redentor es fuerte,
    su nombre es el Señor Todopoderoso.
Con vigor defenderá su causa;
    traerá la paz a la tierra,
    pero a Babilonia, el terror.

35 »¡Muerte a[a] los babilonios!
    ¡Muerte a sus jefes y sabios!
            —afirma el Señor—.
36 ¡Muerte a sus falsos profetas!
    ¡Que pierdan la razón!
¡Muerte a sus guerreros!
    ¡Que queden aterrorizados!
37 ¡Muerte a sus caballos y carros!
    ¡Muerte a todos sus mercenarios!
    ¡Que se vuelvan como mujeres!
¡Muerte a sus tesoros!
    ¡Que sean saqueados!
38 ¡Muerte a sus aguas!
    ¡Que queden secas!
Porque Babilonia es un país de ídolos,
    de ídolos terribles que provocan la locura.

39 »Por eso las fieras del desierto
    vivirán allí con las hienas;
    también los avestruces harán allí su morada.
Nunca más volverá a ser habitada;
    quedará despoblada para siempre.
40 Será como cuando Dios destruyó a Sodoma y Gomorra,
    y a sus ciudades vecinas;
allí nadie volverá a vivir,
    ni la habitará ningún ser humano
            —afirma el Señor—.

41 »Del norte viene un ejército;
    desde los confines de la tierra
    se preparan una gran nación y muchos reyes.
42 Vienen armados con arcos y lanzas;
    son crueles y desalmados.
Vienen montados a caballo;
    su estruendo es como el bramido del mar.
Contra ti, bella Babilonia, contra ti
    marchan en formación de combate,
    alineados como un solo hombre.
43 El rey de Babilonia ha escuchado la noticia,
    y sus brazos flaquean;
de él se apodera la angustia
    y le vienen dolores de parto.
44 Como león que sale de los matorrales del Jordán
    hacia praderas de verdes pastos,
en un instante espantaré de su tierra a los de Babilonia,
    y sobre ellos nombraré a mi elegido.
Porque, ¿quién como yo?
    ¿Quién me puede desafiar?
    ¿Qué pastor se me puede oponer?»
45 Por eso, escuchen el plan que el Señor
    ha diseñado contra Babilonia,
escuchen lo que tiene proyectado
    en contra del país de los babilonios:
Serán arrastrados
    los más pequeños del rebaño;
por causa de ellos,
    sus praderas quedarán asoladas.
46 Tiembla la tierra
    por la estruendosa caída de Babilonia;
resuenan sus gritos
    en medio de las naciones.

51 Así dice el Señor:

«Voy a levantar un viento destructor
    contra Babilonia y la gente de Leb Camay.[b]
Enviaré contra Babilonia
    gente que la lance por los aires,
que la aviente como se avienta el trigo,
    hasta dejarla vacía.
En el día de su calamidad
    la atacarán por todas partes.
Que no tense el arquero su arco,[c]
    ni se vista la coraza.
No perdonen a sus jóvenes;
    destruyan a su ejército por completo.
Caerán muertos en el país de los babilonios;
    serán traspasados en las calles.
Aunque Israel y Judá están llenos de culpa
    delante del Santo de Israel,
no han sido abandonados por su Dios,
    el Señor Todopoderoso.

»¡Huyan de Babilonia!
    ¡Sálvese quien pueda!
    No perezcan por causa de su iniquidad.
Porque ha llegado la hora
    de que el Señor tome venganza;
    ¡él le dará su merecido!
En la mano del Señor
    Babilonia era una copa de oro
    que embriagaba a toda la tierra.
Las naciones bebieron de su vino
    y se enloquecieron.
Pero de pronto Babilonia cayó hecha pedazos.
    ¡Giman por ella!
Traigan bálsamo para su dolor;
    tal vez pueda ser curada.

»“Quisimos curar a Babilonia,
    pero no pudo ser sanada;
abandonémosla, y regrese cada uno a su país,
    porque llega su condena hasta los cielos;
    ¡se eleva hasta las nubes!”

10 »“¡El Señor nos ha vindicado!
    Vengan, que en Sión daremos a conocer
    lo que ha hecho el Señor, nuestro Dios”.

11 »¡Afilen las flechas!
    ¡Ármense con escudos!
El Señor ha despertado el espíritu
    de los reyes de Media
    para destruir a Babilonia.
Esta es la venganza del Señor,
    la venganza por su templo.
12 ¡Levanten el estandarte
    contra los muros de Babilonia!
¡Refuercen la guardia!
    ¡Pongan centinelas!
    ¡Preparen la emboscada!
El Señor cumplirá su propósito;
    cumplirá su decreto contra los babilonios.
13 Tú, que habitas junto a muchas aguas
    y eres rica en tesoros,
has llegado a tu fin,
    al final de tu existencia.
14 El Señor Todopoderoso ha jurado por sí mismo:
    “Te llenaré de enemigos, como de langostas,
    y sobre ti lanzarán gritos de victoria”.

15 »Con su poder hizo el Señor la tierra;
    con su sabiduría afirmó el mundo;
    con su inteligencia extendió los cielos.
16 Ante su trueno, braman las lluvias en el cielo,
    y desde los confines de la tierra
    hace que suban las nubes;
entre relámpagos desata la lluvia,
    y saca de sus depósitos el viento.

17 »Todo hombre es necio e ignorante;
    todo orfebre se avergüenza de sus ídolos.
Sus ídolos son una mentira;
    no tienen aliento de vida.
18 Son absurdos, objetos de burla;
    en el tiempo del juicio serán destruidos.
19 La porción de Jacob no es como aquellos;
    su Dios es el creador de todas las cosas.
Su nombre es el Señor Todopoderoso;
    Israel es la tribu de su heredad.

20 »Tú eres mi mazo, mi arma de guerra;
    contigo destrozo naciones y reinos.
21 Contigo destrozo jinetes y caballos;
    contigo destrozo aurigas y carros de guerra.
22 Contigo destrozo hombres y mujeres;
    contigo destrozo jóvenes y ancianos,
    contigo destrozo jóvenes y doncellas.
23 Contigo destrozo pastores y rebaños;
    contigo destrozo labradores y yuntas,
    contigo destrozo jefes y gobernantes.

24 »Pero en presencia de ustedes les daré su merecido a Babilonia y a todos sus habitantes por todo el mal que han hecho en Sión —afirma el Señor—.

25 »Estoy en contra tuya,
    monte del exterminio,
    que destruyes toda la tierra —afirma el Señor—.
Extenderé mi mano contra ti;
    te haré rodar desde los peñascos
    y te convertiré en monte quemado.
26 No volverán a tomar de ti piedra angular,
    ni piedra de cimiento,
    porque para siempre quedarás desolada
            —afirma el Señor—.

27 »¡Levanten la bandera en el país!
    ¡Toquen la trompeta entre las naciones!
¡Convoquen contra ella
    a los reinos de Ararat, Mini y Asquenaz!
¡Pongan al frente un general!
    ¡Que avancen los caballos cual plaga de langostas!
28 ¡Convoquen contra ella a las naciones,
    a los reyes de Media,
y a sus gobernadores y oficiales!
    ¡Convoquen a todo su imperio!
29 La tierra tiembla y se sacude;
    se cumplen los planes de Dios contra Babilonia,
al convertirla en un desierto desolado
    donde nadie ha de habitar.
30 Dejaron de combatir los guerreros de Babilonia;
    se escondieron en las fortalezas.
Sus fuerzas se agotaron;
    se volvieron como mujeres.
Sus moradas fueron incendiadas
    y destrozados sus cerrojos.
31 Corre un emisario tras el otro;
    un mensajero sigue a otro mensajero,
para anunciarle al rey de Babilonia
    que toda la ciudad ha sido conquistada.
32 Los vados han sido ocupados,
    e incendiados los esteros;
    llenos de pánico quedaron los guerreros».

33 Porque así dice el Señor Todopoderoso, el Dios de Israel:

«La bella Babilonia es como una era
    en el momento de la trilla;
    ¡ya le llega el tiempo de la cosecha!»

34 «Nabucodonosor, el rey de Babilonia,
    me devoró, me confundió;
    me dejó como un plato vacío.
Me tragó como un monstruo marino,
    con mis delicias se ha llenado el estómago
    para luego vomitarme.
35 Dice Jerusalén:
    “¡Que recaiga sobre Babilonia
    la violencia que me hizo!”
Dice la moradora de Sión:
    “¡Que mi sangre se derrame
    sobre los babilonios!”»

36 Por eso, así dice el Señor:

«Voy a defender tu causa,
    y llevaré a cabo tu venganza;
voy a secar el agua de su mar,
    y dejaré secos sus manantiales.
37 Babilonia se convertirá en un montón de ruinas,
    en guarida de chacales,
en objeto de horror y de burla,
    en un lugar sin habitantes.
38 Juntos rugen como leones;
    gruñen como cachorros de león.
39 Cuando entren en calor, les serviré bebida;
    los embriagaré para que se diviertan.
Así dormirán un sueño eterno
    del que ya no despertarán
            —afirma el Señor—.
40 Voy a llevarlos al matadero,
    como si fueran corderos;
    como carneros y chivos.

41 »¡Cómo ha sido capturada Sesac![d]
    ¡Cómo ha sido conquistado
    el orgullo de toda la tierra!
Babilonia se ha convertido
    en un horror para las naciones.
42 El mar ha subido contra Babilonia;
    agitadas olas la han cubierto.
43 Desoladas han quedado sus ciudades:
    como un sequedal, como un desierto.
Nadie habita allí;
    nadie pasa por ese lugar.
44 Voy a castigar al dios Bel en Babilonia;
    haré que vomite lo que se ha tragado.
Ya no acudirán a él las naciones,
    ni quedará en pie el muro de Babilonia.

45 »¡Huye de ella, pueblo mío!
    ¡Sálvese quien pueda de mi ardiente ira!
46 No desfallezcan, no se acobarden
    por los rumores que corren por el país.
Año tras año surgen nuevos rumores;
    cunde la violencia en el país,
    y un gobernante se levanta contra otro.
47 Se acercan ya los días
    en que castigaré a los ídolos de Babilonia.
Toda su tierra será avergonzada;
    caerán sus víctimas en medio de ella.
48 Entonces el cielo y la tierra,
    y todo lo que hay en ellos,
lanzarán gritos de júbilo contra Babilonia,
    porque del norte vendrán sus destructores
            —afirma el Señor—.

49 »Babilonia tiene que caer
    por las víctimas de Israel,
así como en toda la tierra
    cayeron las víctimas de Babilonia.
50 Ustedes, los que escaparon de la espada,
    huyan sin demora.
Invoquen al Señor en tierras lejanas,
    y no dejen de pensar en Jerusalén».

51 «Sentimos vergüenza por los insultos;
    estamos cubiertos de deshonra,
porque han penetrado extranjeros
    en el santuario del Señor».

52 «Por eso, vienen días
    en que castigaré a sus ídolos;
a lo largo de todo el país
    gemirán sus heridos
            —afirma el Señor—.
53 Aunque Babilonia suba hasta los cielos,
    y en lo alto fortifique sus baluartes,
    yo enviaré destructores contra ella
            —afirma el Señor—.

54 »Se oyen clamores por la gran destrucción
    del país de Babilonia.
55 El Señor la destruye por completo;
    pone fin a su bullicio.
Rugen sus enemigos como olas agitadas;
    resuena el estruendo de su voz.
56 Llega contra Babilonia el destructor;
    sus guerreros serán capturados,
    y sus arcos serán hechos pedazos.
Porque el Señor es un Dios
    que a cada cual le da su merecido.
57 Voy a embriagar a sus jefes y a sus sabios;
    a sus gobernadores, oficiales y guerreros;
y dormirán un sueño eterno,
    del que no despertarán»,
afirma el Rey,
    cuyo nombre es el Señor Todopoderoso.

58 Así dice el Señor Todopoderoso:

«Los anchos muros de Babilonia
    serán derribados por completo;
    sus imponentes puertas serán incendiadas.
Los pueblos se agotan en vano,
    y las naciones se fatigan
    por lo que se desvanece como el humo».

59 Este es el mandato que el profeta Jeremías dio a Seraías, hijo de Nerías y nieto de Maseías, cuando fue a Babilonia con Sedequías, rey de Judá, durante el año cuarto de su reinado. Seraías era el jefe de este viaje. 60 Jeremías había descrito en un rollo todas las calamidades que le sobrevendrían a Babilonia, es decir, todo lo concerniente a ella. 61 Jeremías le dijo a Seraías: «En cuanto llegues a Babilonia, asegúrate de leerles todas estas palabras. 62 Luego diles: “Señor, tú has dicho que vas a destruir este lugar, y que lo convertirás en una desolación perpetua, hasta que no quede en él un solo habitante, ni hombre ni animal”. 63 Cuando termines de leer el rollo, átale una piedra y arrójalo al Éufrates. 64 Luego diles: “Así se hundirá Babilonia, y nunca más se levantará del desastre que voy a traer sobre ella”».

Aquí concluyen las palabras de Jeremías.

La caída de Jerusalén(B)(C)(D)

52 Sedequías tenía veintiún años cuando ascendió al trono, y reinó en Jerusalén once años. Su madre se llamaba Jamutal hija de Jeremías, oriunda de Libná. Al igual que Joacim, Sedequías hizo lo que ofende al Señor, a tal grado que el Señor, en su ira, echó a Jerusalén y a Judá de su presencia. Todo esto sucedió en Jerusalén y en Judá.

Sedequías se rebeló contra el rey de Babilonia. En el año noveno del reinado de Sedequías, a los diez días del mes décimo, Nabucodonosor, rey de Babilonia, marchó con todo su ejército y atacó a Jerusalén. Acampó frente a la ciudad y construyó una rampa de asalto a su alrededor. La ciudad estuvo sitiada hasta el año undécimo del reinado de Sedequías.

A los nueve días del mes cuarto, cuando el hambre se agravó en la ciudad y no había más alimento para el pueblo, se abrió una brecha en el muro de la ciudad, de modo que, aunque los babilonios la tenían cercada, todo el ejército se escapó. Salieron de noche, por la puerta que estaba entre los dos muros, junto al jardín real. Huyeron camino al Arabá,[e] pero el ejército babilonio persiguió al rey Sedequías hasta alcanzarlo en la llanura de Jericó. Sus soldados se dispersaron, abandonándolo, y los babilonios lo capturaron. Entonces lo llevaron ante el rey de Babilonia, que estaba en Riblá, en el territorio de Jamat. Allí Nabucodonosor dictó sentencia contra Sedequías, 10 y ante sus propios ojos hizo degollar a sus hijos, lo mismo que a todos los nobles de Judá. 11 Luego mandó que a Sedequías le sacaran los ojos y que le pusieran cadenas de bronce para llevarlo a Babilonia, donde permaneció preso hasta el día en que murió.

12 A los diez días del mes quinto del año diecinueve del reinado de Nabucodonosor, rey de Babilonia, su servidor Nabuzaradán, que era comandante de la guardia, fue a Jerusalén 13 y le prendió fuego al templo del Señor, al palacio real y a todas las casas de Jerusalén, incluso a todos los edificios importantes. 14 Entonces el ejército de los babilonios bajo su mando derribó todas las murallas que rodeaban la ciudad. 15 Nabuzaradán además deportó[f] a la gente que quedaba en la ciudad, es decir, al resto de los artesanos y a los que se habían aliado con el rey de Babilonia. 16 Sin embargo, dejó a algunos de los más pobres para que se encargaran de los viñedos y de los campos.

17 Los babilonios quebraron las columnas de bronce, las bases y la fuente[g] de bronce que estaban en el templo del Señor, y se llevaron todo el bronce a Babilonia. 18 También se llevaron las ollas, las tenazas, las despabiladeras, los tazones, la vajilla y todos los utensilios de bronce que se usaban para el culto. 19 Además, el comandante de la guardia se apoderó de las palanganas, los incensarios, los aspersorios, las ollas, los candelabros, los platos y fuentes para las libaciones, todo lo cual era de oro y de plata.

20 El bronce de las dos columnas, de la fuente, de los doce toros que estaban debajo de la fuente,[h] y de las bases, que el rey Salomón había hecho para el templo del Señor, era tanto que no se podía pesar. 21 Cada columna medía ocho metros de altura y cinco y medio de circunferencia; su espesor era de ocho centímetros,[i] y era hueca por dentro. 22 El capitel de bronce que estaba encima de cada columna medía dos metros[j] de altura y estaba decorado alrededor con una red y con granadas de bronce. Las dos columnas tenían el mismo adorno. 23 De cada columna pendían noventa y seis granadas, y las granadas que estaban alrededor de la red eran cien en total.

24 El comandante de la guardia tomó presos a Seraías, sacerdote principal, a Sofonías, sacerdote de segundo rango, y a los tres porteros. 25 De los que quedaban en la ciudad, apresó al oficial encargado de las tropas, a siete de los servidores personales del rey, al cronista principal del ejército, encargado de reclutar soldados de entre el pueblo, y a sesenta ciudadanos que todavía estaban dentro de la ciudad. 26 Después de apresarlos, Nabuzaradán, comandante de la guardia, se los llevó al rey de Babilonia, que estaba en Riblá. 27 Allí, en el territorio de Jamat, el rey los hizo ejecutar.

Así Judá fue desterrado y llevado cautivo. 28 Este es el número de personas desterradas por Nabucodonosor:

en el año séptimo de su reinado, tres mil veintitrés judíos;

29 en el año dieciocho de su reinado, ochocientas treinta y dos personas de Jerusalén;

30 en el año veintitrés de su reinado, Nabuzaradán, el capitán de la guardia real, desterró a setecientos cuarenta y cinco judíos.

En total fueron desterradas cuatro mil seiscientas personas.

Liberación del rey Joaquín(E)

31 En el día veintisiete del mes duodécimo del año treinta y siete del exilio de Joaquín, rey de Judá, Evil Merodac, rey de Babilonia, en el año primero de su reinado, indultó a Joaquín y lo sacó de la cárcel. 32 Lo trató amablemente y le dio una posición más alta que la de los otros reyes que estaban con él en Babilonia. 33 Joaquín dejó su ropa de prisionero, y por el resto de su vida comió a la mesa del rey. 34 Además, durante toda su vida y hasta el día de su muerte, Joaquín gozó de una pensión diaria que le proveía el rey de Babilonia.

Footnotes

  1. 50:35 Muerte a. Lit. Espada contra; también en vv. 36 y 37.
  2. 51:1 Leb Camay es un criptograma que alude a Caldea, es decir, Babilonia.
  3. 51:3 Que no tense el arquero su arco. Frase de difícil traducción.
  4. 51:41 Sesac es un criptograma que alude a Babilonia.
  5. 52:7 Arabá. Alt. valle del Jordán.
  6. 52:15 deportó (lectura probable; véase 2R 25:11); deportó a algunos de los más pobres del pueblo y (TM).
  7. 52:17 la fuente. Lit. el mar; también en v. 20.
  8. 52:20 debajo de la fuente (LXX y Siríaca); debajo (TM).
  9. 52:21 ocho metros … cinco y medio … ocho centímetros. Lit. dieciocho codos … doce codos … cuatro dedos.
  10. 52:22 dos metros. Lit. cinco codos.