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1 Macabeos 12:54-16:24 Dios Habla Hoy (DHH)

Simón, nuevo jefe

13 Simón tuvo noticia de que Trifón había reunido un poderoso ejército para invadir Judea y destruirla. Al ver que el pueblo estaba alarmado y lleno de pavor, fue a Jerusalén, reunió a la gente, y los animó diciéndoles: «Ustedes saben lo que yo y mis hermanos y toda la familia de mi padre hemos hecho por las leyes y el templo, y las batallas que hemos peleado y las penalidades que hemos sufrido. Por Israel han muerto todos mis hermanos, y sólo yo he quedado con vida. Ahora, ni pensar que yo quiera salvar mi vida en un momento de peligro: ¡no valgo más que mis hermanos! Al contrario, lucharé por mi pueblo, por el templo y por las mujeres e hijos de ustedes, pues todos los paganos se han reunido para exterminarnos.»

Al oír estas palabras, el pueblo se llenó de entusiasmo, y todos gritaron: «¡Tú eres nuestro jefe, en reemplazo de tus hermanos Judas y Jonatán! ¡Guíanos en nuestras batallas, y nosotros haremos todo lo que nos ordenes!» 10 Entonces Simón reunió a todos los aptos para la guerra, y se dio prisa en terminar las murallas de Jerusalén y la fortificó alrededor. 11 Envió a la ciudad de Jope a Jonatán, hijo de Absalón, con un ejército suficiente, y expulsó a los que vivían en la ciudad y se estableció en ella.

Asesinato de Jonatán

12 Trifón salió de Tolemaida con un numeroso ejército para invadir Judea, llevando preso a Jonatán. 13 Simón había acampado en Hadid, al borde de la llanura. 14 Cuando Trifón se enteró de que Simón había tomado el puesto de su hermano Jonatán, y que se preparaba a darle batalla, le envió una delegación a decirle: 15 «Tenemos preso a Jonatán, tu hermano, por causa de un dinero que debe al tesoro real, en relación con el cargo que ejercía. 16 Envíanos, pues, tres mil trescientos kilos de plata y dos de los hijos de Jonatán como rehenes, para estar seguros de que no se rebelará otra vez contra nosotros, y luego lo dejaremos en libertad.» 17 Aunque Simón se dio cuenta de que era una trampa, mandó traer el dinero y a los dos muchachos, para no hacerse odioso entre la gente, 18 y para que no dijeran después que Jonatán había muerto por no haber enviado él el dinero y los muchachos. 19 Así pues, mandó a los dos muchachos y los tres mil trescientos kilos de plata; pero Trifón no cumplió su palabra, y no dejó libre a Jonatán.

20 Después, Trifón se puso en marcha para invadir el país y destruirlo, pero dio un rodeo por el camino de Adoraim, porque Simón y su ejército les cerraban el paso por dondequiera que iban. 21 Entre tanto, los soldados de la ciudadela de Jerusalén enviaron mensajeros a Trifón, urgiéndole que fuera hasta ellos por el desierto y que les enviara alimentos. 22 Trifón preparó toda su caballería para ir allá, pero aquella noche cayó tanta nieve que no pudieron llegar. Entonces se retiró a Galaad. 23 Apenas se acercó a Bascama, mató a Jonatán, que fue enterrado allí. 24 Luego Trifón regresó a su país.

25 Simón mandó traer los restos de su hermano Jonatán y los enterró en Modín, la ciudad de sus antepasados. 26 Todo Israel lo lloró durante muchos días, con grandes muestras de dolor. 27 Simón construyó un gran monumento sobre la tumba de su padre y de sus hermanos, bien visible, hecho de piedras talladas por el frente y por detrás. 28 También levantó siete pirámides, en dos hileras, para su padre, su madre y sus cuatro hermanos. 29 Con gran arte rodeó de altas columnas las pirámides, y sobre las columnas puso escudos y armas, como recuerdo eterno. Junto a los escudos y las armas había naves en relieve, para que todos los navegantes pudieran divisarlas. 30 Este monumento sepulcral hecho en Modín existe hasta el día de hoy.

Reconciliación con Demetrio II

31 Trifón traicionó al joven rey Antíoco, lo mató 32 y reinó en vez de él, poniéndose la corona de Asia. Causó grandes males en el país.

33 Simón reconstruyó las fortalezas de Judea, protegiéndolas con altas torres, grandes murallas, puertas y barras, y dejó provisiones en las fortalezas. 34 Escogió delegados y los envió a ver al rey Demetrio, para pedirle que eximiera de los impuestos al país, pues Trifón no había hecho más que robarles todo. 35 El rey Demetrio les contestó, enviándoles la siguiente carta:

36 «El rey Demetrio saluda al sumo sacerdote Simón, amigo de los reyes, a los ancianos y a la nación judía. 37 He recibido la corona de oro y la palma que ustedes me han enviado, y estoy dispuesto a hacer con ustedes una paz completa y a dar instrucciones por escrito a los funcionarios, para que los eximan a ustedes de los impuestos. 38 Todos los convenios que he hecho con ustedes quedan confirmados, y ustedes pueden conservar todas las fortalezas que han construido. 39 También les perdono todos los errores y faltas que hayan cometido hasta el día de hoy. Les perdono el impuesto real que me deben. Que no se siga cobrando ningún otro de los impuestos que se cobraban en Jerusalén. 40 Si hay algunos entre ustedes aptos para inscribirse en mi guardia personal, que se inscriban. Y que haya paz entre nosotros.»

41 En el año ciento setenta, Israel se vio libre del yugo de los paganos. 42 Entonces comenzó la gente a escribir en los documentos y contratos: «En el año primero de Simón, gran sumo sacerdote, jefe militar y caudillo de los judíos.»

Toma de Guézer

43 En aquel tiempo, Simón atacó a Guézer y la cercó con tropas. Construyó una torre de asalto, la acercó a la ciudad, abrió brecha en una de las torres, y tomó la ciudad. 44 Los que estaban en la torre de asalto penetraron en la ciudad, y hubo allí una gran agitación. 45 Los habitantes de la ciudad subieron con sus mujeres y sus hijos a las murallas, con la ropa rasgada, y a grandes gritos ofrecieron la rendición a Simón, 46 diciéndole: «¡No nos trate usted como merecen nuestras maldades, sino según su generosidad!» 47 Simón llegó a un acuerdo con ellos y dejó de atacarlos. Pero los hizo salir de la ciudad y purificó las casas donde habían estado los ídolos, y luego entró él en la ciudad cantando himnos y cantos de alabanza. 48 Sacó de ella todo objeto impuro, e instaló hombres cumplidores de la ley; fortificó la ciudad y se construyó una casa para sí mismo.

Conquista de la ciudadela de Jerusalén

49 Como los soldados que estaban en la ciudadela no podían salir al campo ni volver a entrar, ni comprar ni vender, empezaron a pasar mucha hambre, de manera que muchos de ellos murieron por esta razón. 50 Entonces ofrecieron a Simón negociar la rendición, y él la aceptó; luego los hizo salir de allí y purificó la ciudadela de todas las impurezas. 51 El día veintitrés del segundo mes del año ciento setenta y uno, entró Simón en la ciudadela entre cantos de alabanza, con palmas y al son de arpas, platillos y cítaras, con himnos y cantos, porque Israel se había visto libre de un terrible enemigo. 52 Simón decretó que cada año se celebrara con alegría aquella fecha. Fortificó la colina del templo, del lado de la ciudadela, y él y su gente establecieron allí su residencia. 53 Viendo Simón que su hijo Juan era ya todo un hombre, lo nombró comandante en jefe de todos los ejércitos, con residencia en Guézer.

Demetrio II cae prisionero

14 En el año ciento setenta y dos, el rey Demetrio reunió sus ejércitos y se puso en marcha hacia Media en busca de refuerzos para su guerra con Trifón. El rey Arsaces de Persia y de Media tuvo noticias de que Demetrio había entrado en su territorio, y envió a uno de sus generales para que lo capturara vivo. El general fue, derrotó al ejército de Demetrio, capturó a éste y se lo llevó a Arsaces, quien lo metió en la cárcel.

Elogio de Simón

Mientras Simón gobernó,
hubo tranquilidad en Judea.
Buscó el bien para su pueblo.
La gente estuvo contenta
todo el tiempo que duró su glorioso reinado.
Entre otras glorias suyas,
conquistó el puerto de Jope,
abriendo una ruta a los países del mar.
Extendió las fronteras de su patria
y se hizo dueño de todo el territorio.
Hizo que muchos cautivos regresaran a su patria;
se adueñó de Guézer, de Bet-sur
y de la ciudadela de Jerusalén,
y sacó de allí todos los objetos impuros.
No hubo nadie que le opusiera resistencia.

La gente cultivaba en paz sus campos,
la tierra producía sus cosechas,
los árboles de la llanura daban sus frutos.
Los ancianos, sentados en las plazas,
comentaban la prosperidad de que disfrutaban,
mientras los jóvenes lucían
sus gloriosos uniformes militares.
10 Simón procuró alimentos a las ciudades,
y las dotó de medios de defensa.
Su fama llegó hasta los últimos rincones de la tierra.
11 Restableció la paz en el país,
e Israel sintió una inmensa alegría.
12 Cada uno se sentaba a la sombra de su viña y de su higuera;
no había nadie que les infundiera miedo.
13 Desaparecieron del país los agresores,
y en aquel tiempo fueron derrotados los reyes enemigos.
14 Protegió a los oprimidos de su pueblo,
y exterminó a los impíos y malvados.
Cumplió fielmente la ley,
15 dio esplendor al templo
y lo enriqueció con muchos utensilios sagrados.

Renovación de la amistad con Roma y Esparta

16 Cuando en Roma y en Esparta se recibió la noticia de la muerte de Jonatán, hubo mucho pesar. 17 Pero al saber que su hermano Simón lo había sucedido como sumo sacerdote, y que se había adueñado del país y de sus ciudades, 18 le escribieron en placas de bronce para renovar la amistad y el pacto que habían hecho con sus hermanos Judas y Jonatán. 19 Este mensaje fue leído delante del pueblo reunido en Jerusalén. 20 Ésta es la copia de la carta enviada por los espartanos:

«Los jefes y la ciudad de Esparta saludan a sus hermanos, el sumo sacerdote Simón, los ancianos, los sacerdotes y el resto del pueblo judío. 21 Los embajadores que ustedes enviaron a nuestro pueblo nos han informado de su fama y esplendor. Su venida ha sido para nosotros motivo de gran alegría. 22 Hemos registrado su informe en las actas de la nación, en los siguientes términos: “Numenio, hijo de Antíoco, y Antípatro, hijo de Jasón, embajadores de los judíos, han venido a renovar la amistad con nosotros. 23 Al pueblo le ha parecido bien recibirlos con honores y guardar una copia del mensaje en el archivo de la nación, como recuerdo para el pueblo de Esparta. Se ha sacado una copia de este documento para el sumo sacerdote Simón.”»

24 Después de esto, Simón envió a Numenio a Roma con un enorme escudo de oro que pesaba cuatrocientos treinta y seis kilos, para renovar el pacto con ellos.

Decreto en honor de Simón

25 Cuando los israelitas supieron todo esto, dijeron: «¿Cómo podremos mostrar nuestro agradecimiento a Simón y sus hijos? 26 Pues él, sus hermanos y la familia de su padre se han mantenido firmes, han luchado contra los enemigos de Israel y los han alejado, y le han dado al pueblo la libertad.» Entonces grabaron una inscripción en placas de bronce, y la pusieron en un monumento en el monte Sión. 27 Ésta es la copia de la inscripción:

«El día dieciocho del mes de Elul del año ciento setenta y dos, en el año tercero de ejercer Simón el sumo sacerdocio, en Asaramel, 28 en una gran asamblea de sacerdotes, ciudadanos, jefes de la nación y ancianos del país, se nos notificó lo siguiente: 29 Mientras que numerosas guerras afligían al país, Simón, hijo de Matatías y descendiente de Joiarib, lo mismo que sus hermanos, se expusieron al peligro resistiendo a los enemigos de su pueblo, para asegurar la preservación del templo y de las leyes; y así han traído gran gloria a su nación. 30 Jonatán reunió a su pueblo y fue sumo sacerdote, hasta que fue a reunirse con sus antepasados difuntos. 31 Los enemigos resolvieron invadir el país y atacar el templo. 32 Entonces Simón se puso al frente y luchó por su patria; gastó grandes sumas de su propio dinero en proveer de armas y en pagar su salario a los hombres del ejército de su nación; 33 fortificó las ciudades de Judea y a Bet-sur en la frontera de Judea, donde habían estado anteriormente las armas del enemigo, y puso allí una guarnición de judíos. 34 También fortificó Jope, puerto marítimo, y Guézer en la frontera con Azoto, anteriormente ocupada por el enemigo, e instaló allí judíos, proveyendo a estas ciudades de todo lo necesario para su restauración. 35 Al ver el pueblo la lealtad de Simón y los deseos que tenía de dar gloria a su nación, lo nombraron su jefe y sumo sacerdote, en reconocimiento de todo lo que había hecho, de su rectitud, de la lealtad que había mostrado para con su nación y de sus continuos trabajos en favor de la grandeza de su pueblo. 36 En sus manos tuvo éxito la campaña para eliminar del país a los paganos y a los que se habían establecido en la Ciudad de David, en Jerusalén, donde se habían construido una ciudadela, desde donde salían y contaminaban todos los alrededores del templo, haciendo grave injuria a la santidad de este lugar. 37 Instaló soldados judíos en la ciudadela, la fortificó para proteger al país y a la ciudad, y levantó las murallas de Jerusalén. 38 El rey Demetrio lo confirmó en el cargo de sumo sacerdote, 39 lo hizo formar parte del grupo de los amigos del rey, y le concedió grandes honores, 40 pues se enteró de que los romanos habían dado a los judíos el título de amigos, aliados y hermanos, y que habían recibido con honores a los embajadores de Simón; 41 que los judíos y los sacerdotes habían decidido confirmar a Simón como jefe y sumo sacerdote para siempre, hasta que apareciera un profeta autorizado, 42-43 y que fuera su jefe militar y se encargara del templo, nombrando a los encargados de las obras del mismo, de la administración del país, de los armamentos y de las fortalezas, y que fuera obedecido por todos; que todos los documentos oficiales del país se hicieran en su nombre, y que usara vestiduras de púrpura y broche de oro.

44 »Nadie del pueblo ni de los sacerdotes tendrá derecho a violar estos decretos, ni a oponerse a las órdenes dadas por Simón, ni a convocar una asamblea sin su consentimiento, ni a llevar vestiduras de púrpura o broche de oro. 45 El que desobedezca estos decretos, o deje de cumplirlos, será castigado. 46 Por decisión unánime del pueblo se ha decretado que Simón tenga el derecho de actuar de acuerdo con lo aquí determinado. 47 Simón ha aceptado de buen grado desempeñar el cargo de sumo sacerdote, y ser jefe militar y gobernador de los judíos y de los sacerdotes, y estar al frente de todos los asuntos.»

48 Se decidió que este documento fuera grabado en placas de bronce, y que éstas fueran colocadas en el área del templo, en lugar visible, 49 y que en el tesoro se guardaran copias del mismo a disposición de Simón y de sus hijos.

Antíoco VII confirma a Simón en sus cargos

15 Antíoco, hijo del rey Demetrio, envió desde un lugar de la costa una carta a Simón, sumo sacerdote y gobernador de los judíos, y a toda la nación. La carta decía:

«El rey Antíoco saluda al sumo sacerdote y gobernador Simón, y a la nación judía. Gente malvada se ha apoderado del reino de mis antepasados, pero yo estoy decidido a recuperarlo, para restablecerlo como era antiguamente. Con este fin, he reclutado un considerable número de soldados y he preparado naves de guerra. Tengo intención de desembarcar en mi país, para castigar a los que arruinaron nuestra patria y destruyeron muchas ciudades de mi reino. Ahora, pues, yo te confirmo todas las exenciones y todos los demás privilegios que los reyes mis predecesores te concedieron. Te permito acuñar moneda propia para que circule legalmente en el país. Jerusalén y el templo serán libres. Todas las armas que has conseguido y las fortalezas que has construido y que están en tu poder, seguirán siendo tuyas. Desde ahora y para siempre quedan canceladas todas las deudas que tengas con el tesoro real y las que puedas tener en el futuro. Cuando haya reconquistado mi reino, te concederé grandes honores a ti, a tu pueblo y al templo, de manera que ustedes sean famosos en toda la tierra.»

10 En el año ciento setenta y cuatro, Antíoco llegó a su patria, y todas las tropas se le unieron, de manera que muy pocos se quedaron con Trifón. 11 Antíoco lo persiguió, y Trifón tuvo que refugiarse en el puerto de Dor. 12 Al ver que las tropas lo habían abandonado, Trifón se dio cuenta de que su situación era muy grave. 13 Antíoco acampó frente a Dor, con ciento veinte mil soldados de infantería y ocho mil de caballería. 14 Cercó con sus tropas la ciudad, mientras que las naves la atacaban por mar. Sitió, pues, la ciudad por tierra y por mar, no dejando que nadie entrara ni saliera.

Promulgación del pacto con Roma

15 Entre tanto, Numenio y sus compañeros regresaron de Roma trayendo cartas dirigidas a los diversos reyes y países, las cuales decían lo siguiente:

16 «Lucio, cónsul de los romanos, saluda al rey Tolomeo. 17 El sumo sacerdote Simón y el pueblo judío, nuestros amigos y aliados, nos han enviado una delegación para renovar nuestra antigua amistad y nuestro pacto. 18 Trajeron un escudo de oro que pesa cuatrocientos treinta y seis kilos. 19 En consecuencia, hemos decidido escribir a los diversos reyes y países para pedirles que no causen ningún mal a los judíos, ni les hagan la guerra a ellos, a sus ciudades o a su país, ni se alíen con sus enemigos. 20 Decidimos aceptar el escudo que nos trajeron. 21 Si algunos malvados han escapado del país de los judíos y han llegado a ustedes, entréguenselos al sumo sacerdote Simón, para que los castigue según la ley de los judíos.»

22 Igual carta escribió al rey Demetrio, a Átalo, a Ariarate, a Arsaces 23 y a todos los países: a Sampsame, Esparta, Delos, Mindos, Sición, Caria, Samos, Panfilia, Licia, Halicarnaso, Rodas, Faselis, Cos, Side, Arvad, Gortina, Cnido, Chipre y Cirene. 24 Al sumo sacerdote Simón le enviaron una copia.

Antíoco VII rompe su amistad con Simón

25 El rey Antíoco acampó en uno de los suburbios de Dor, y la mantuvo bajo continuos ataques; construyó máquinas de guerra y cercó a Trifón para impedir que nadie pudiera entrar o salir.

26 Simón le envió a Antíoco dos mil soldados escogidos, para que lo ayudaran, y también plata, oro y armamento. 27 Pero Antíoco no quiso aceptarlos, sino que anuló todos los convenios que había hecho anteriormente con Simón, y rompió con él. 28 Envió a Atenobio, uno del grupo de amigos del rey, a conferenciar con Simón. Lo envió con este mensaje: «Ustedes se han apoderado de Jope, de Guézer y de la ciudadela de Jerusalén, ciudades de mi reino. 29 Han destruido esos territorios, han causado grandes males en el país y se han adueñado de muchos lugares de mi reino. 30 Así que devuélvanme ahora las ciudades que han ocupado, y entreguen los impuestos que han cobrado en los lugares que están fuera del territorio de Judea. 31 Si no, paguen por ellos dieciséis mil quinientos kilos de plata, y otro tanto como compensación por las destrucciones que causaron y por los impuestos de esas ciudades. Si no lo hacen, les declararé la guerra a ustedes.»

32 Atenobio, amigo del rey, fue a Jerusalén, y después de ver maravillado el esplendor de Simón, su vajilla de oro y plata, y toda su riqueza, comunicó a Simón el mensaje del rey. 33 Simón respondió: «Nosotros no hemos ocupado territorio ajeno, ni nos hemos apoderado de cosas ajenas, sino de la herencia que nos dejaron nuestros antepasados, de la que en algún tiempo se habían apoderado injustamente nuestros enemigos. 34 Nosotros aprovechamos la oportunidad para recuperar la herencia de nuestros antepasados. 35 En cuanto a Jope y Guézer, que usted reclama: estas ciudades hacían muchos males a nuestro pueblo y a nuestro país. Por ellas le ofrecemos tres mil trescientos kilos de plata.»

36 Atenobio no respondió palabra. Regresó enojado adonde estaba el rey, y lo informó de la respuesta de Simón, de su esplendor y, en una palabra, de todo lo que había visto. El rey se puso terriblemente furioso.

37 Entre tanto, Trifón se embarcó en una nave y huyó a Ortosia. 38 Entonces el rey nombró a Cendebeo general en jefe de la región de la costa, y le dio tropas de infantería y caballería 39 con órdenes de tomar posiciones frente a Judea, de reconstruir Cedrón, de fortificar las puertas y de hacer la guerra al pueblo judío. Mientras tanto, el rey perseguiría a Trifón. 40 Cendebeo llegó a Jabnia y comenzó a provocar al pueblo judío, a hacer incursiones en Judea y a tomar prisioneros y matar a muchos. 41 Reconstruyó Cedrón y estacionó allí caballería y otras tropas, para que hicieran salidas y patrullaran por los caminos de Judea, como el rey le había ordenado.

Victoria de los hijos de Simón sobre Cendebeo

16 Juan fue de Guézer a avisar a su padre Simón de lo que estaba haciendo Cendebeo. Simón llamó a sus dos hijos mayores, Judas y Juan, y les dijo: «Mis hermanos y yo, y toda la familia de mi padre, hemos luchado contra los enemigos de Israel desde nuestra juventud hasta el día de hoy, y en muchas ocasiones hemos logrado la liberación de Israel. Yo ahora ya soy viejo, pero por la misericordia divina ustedes están en el vigor de su edad. Tomen mi lugar y el de mi hermano, y salgan a luchar por nuestra patria. ¡Que Dios los ayude!»

Simón escogió en el país veinte mil guerreros de infantería y de caballería, que salieron a enfrentarse con Cendebeo. Después de pasar la noche en Modín, se levantaron temprano y se dirigieron a la llanura. Allí les salió al encuentro un enorme ejército de infantería y caballería. Un torrente separaba los dos ejércitos. Juan y su ejército tomaron posiciones frente a sus enemigos; pero al ver que sus soldados tenían miedo de cruzar el torrente, Juan pasó primero. Al verlo, sus hombres lo siguieron. Como la caballería enemiga era muy numerosa, Juan dividió su infantería en dos alas y puso la caballería en medio de ellas. Tocaron las trompetas, y Cendebeo y su ejército fueron derrotados. Tuvieron muchas bajas, y los que quedaron con vida huyeron a la fortaleza. En esta acción fue herido Judas, el hermano de Juan. Juan persiguió a los que huyeron, y llegó hasta Cedrón, lugar que Cendebeo había reconstruido. 10 Los enemigos se refugiaron también en las torres que había en los campos de Azoto, pero Juan incendió la ciudad. Murieron unos dos mil enemigos, y Juan regresó sano y salvo a Judea.

Simón es muerto a traición

11 Tolomeo, hijo de Abub, había sido nombrado jefe militar de la llanura de Jericó. Tenía gran cantidad de oro y plata, 12 pues era yerno del sumo sacerdote; 13 pero se llenó de ambición y quiso adueñarse del país. Entonces tramó traicionar a Simón y a sus hijos, para eliminarlos. 14 Simón estaba haciendo una visita de inspección por las ciudades del país, para atender a las necesidades de aquéllas, y llegó a Jericó en compañía de sus hijos Matatías y Judas, en el undécimo mes, el mes de Sebat, del año ciento setenta y siete. 15 El hijo de Abub los recibió hipócritamente en la pequeña fortaleza llamada Doc, que él había construido, y allí les ofreció un gran banquete. Pero tenía allí gente escondida, 16 y cuando Simón y sus hijos habían bebido bastante, Tolomeo y sus amigos empuñaron las armas y se precipitaron en la sala del banquete. Atacaron a Simón y lo mataron a él, a sus dos hijos y a algunos de sus criados. 17 Fue un terrible crimen, en el que Tolomeo pagó el bien con el mal.

18 Tolomeo escribió un informe y se lo envió al rey, pidiéndole que le enviara tropas que lo apoyaran, y que le diera autoridad sobre las ciudades y sobre todo el país. 19 Envió también otros hombres a Guézer para que mataran a Juan. Mandó asimismo cartas a los jefes del ejército, pidiéndoles que se unieran a él y prometiéndoles oro, plata y otros regalos. 20 A otros los envió a apoderarse de Jerusalén y de la colina del templo. 21 Sin embargo, alguien se adelantó corriendo a Guézer, y contó a Juan que su padre y sus hermanos habían muerto, y que Tolomeo había enviado gente a matarlo también a él. 22 Al oír esto, Juan se puso fuera de sí y, agarrando a los hombres que habían venido a matarlo, los mató; pues descubrió el plan que ellos tenían de asesinarlo.

23 El resto de la historia de Juan, donde se habla de sus guerras y de las hazañas que realizó, y de cómo reconstruyó las murallas, y de otras cosas que hizo, 24 está escrito en los anales de su pontificado, desde el día en que sucedió a su padre en el cargo de sumo sacerdote.

Dios Habla Hoy (DHH)

Dios habla hoy ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1966, 1970, 1979, 1983, 1996.

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