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»Nuestra vida en este mundo es de duro trabajo;
nuestros días son como los de un jornalero.
Somos como los esclavos: sólo queremos descansar;
parecemos asalariados: sólo queremos que nos paguen.
Pero en mi caso, ¿qué me ha tocado?
¡Meses de sufrimiento y noches de miseria!
Me acuesto y me pregunto si volveré a levantarme;
se me hacen largas las noches, esperando el nuevo día.
Mi cuerpo es una costra infestada de gusanos;
la poca piel que me queda huele mal y supura.
Pasan mis días más veloces que una lanzadera,
y ya he perdido toda esperanza.

»Dios mío, recuerda que mi vida es como un suspiro,
y que mis ojos no volverán a ver el bien.
Los que hoy me ven, no volverán a verme,
pues cuando tú me mires, dejaré de existir.
Como nubes que se van desvaneciendo
son los que mueren: del sepulcro jamás volverán.
10 Jamás vuelven a su casa;
en su lugar de origen son olvidados.

11 »Por eso no puedo quedarme callado.
Es tanta mi angustia y mi amargura
que tengo que dar voz a mi queja.

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