“Y yo Juan vi la santa ciudad,Is. 52.1. la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios,Ap. 3.12. dispuesta como una esposa ataviada para su marido.Is. 61.10. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo,Ez. 37.27. y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte,Is. 25.8. ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor;Is. 65.19. porque las primeras cosas pasaron.” (Revelation 21: 2-4)
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