Nos ha nacido un niño

A pesar de todo, no habrá más penumbra para la que estuvo angustiada. En el pasado Dios humilló a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pero en el futuro honrará a Galilea, tierra de paganos, en el camino del mar, al otro lado del Jordán.

El pueblo que andaba en la oscuridad
    ha visto una gran luz;
sobre los que vivían en densas tinieblas
    la luz ha resplandecido.
Tú has hecho que la nación crezca;
    has aumentado su alegría.
Y se alegran ellos en tu presencia
    como cuando recogen la cosecha,
    como cuando reparten el botín.
Ciertamente tú has quebrado,
    como en la derrota de Madián,
el yugo que los oprimía,
    la barra que pesaba sobre sus hombros,
    el bastón de mando que los subyugaba.
Todas las botas guerreras
    que resonaron en la batalla,
y toda la ropa teñida en sangre
    serán arrojadas al fuego,
    serán consumidas por las llamas.
Porque nos ha nacido un niño,
    se nos ha concedido un hijo;
la soberanía reposará sobre sus hombros,
    y se le darán estos nombres:
Consejero admirable, Dios fuerte,
    Padre eterno, Príncipe de paz.
Se extenderán su soberanía y su paz,
    y no tendrán fin.
Gobernará sobre el trono de David
    y sobre su reino,
para establecerlo y sostenerlo
    con justicia y rectitud
    desde ahora y para siempre.
Esto lo llevará a cabo
    el celo del Señor Todopoderoso.

El enojo del Señor contra Israel

El Señor ha enviado su palabra;
    la ha enviado contra Jacob,
    ¡ya cae sobre Israel!
De esto se entera todo el pueblo
    —Efraín y los habitantes de Samaria—,
todos los que dicen con orgullo
    y con altivez de corazón:
10 «Si se caen los ladrillos,
    reconstruiremos con piedra tallada;
si se caen las vigas de higuera,
    las repondremos con vigas de cedro».

11 Pero el Señor ha fortalecido
    a los adversarios de Rezín;
    ha incitado a sus enemigos.
12 Los sirios en el este y los filisteos en el oeste
    se comieron a Israel de un solo bocado.

A pesar de todo esto,
    la ira de Dios no se ha aplacado;
    ¡su mano aún sigue extendida!

13 Pero el pueblo no ha querido reconocer
    al que lo ha castigado;
    no ha buscado al Señor Todopoderoso.
14 Por eso en un mismo día
    el Señor le cortará a Israel
la cabeza y la cola,
    la palmera y el junco.
15 La cabeza son los ancianos
    y la gente de alto rango;
la cola son los profetas,
    maestros de mentiras.
16 Los guías de este pueblo lo han extraviado;
    los que se dejan guiar son confundidos.
17 Por eso no se complacerá el Señor en los jóvenes,
    ni se apiadará de huérfanos y viudas,
porque todos ellos son impíos y malvados;
    sus labios profieren necedades.

A pesar de todo esto,
    la ira de Dios no se ha aplacado;
    ¡su mano aún sigue extendida!

18 La maldad arde como un fuego
    que consume zarzas y espinos,
que incendia la espesura del bosque
    y sube luego, como torbellino,
    en una columna de humo.
19 Por la ira del Señor Todopoderoso
    arderá en fuego la tierra.
Y el pueblo será el combustible:
    ¡Nadie se compadecerá de su hermano!
20 Unos comerán lo que esté a su mano derecha,
    pero se quedarán con hambre;
otros comerán lo que esté a su izquierda,
    pero no quedarán satisfechos.
    ¡Se comerán a sus propios hijos![a]
21 Manasés se comerá a Efraín,
    y Efraín a Manasés,
    y los dos juntos atacarán a Judá.

A pesar de todo esto,
    la ira de Dios no se ha aplacado;
    ¡su mano aún sigue extendida!

Footnotes

  1. 9:20 a sus propios hijos. Lit. la carne de su brazo.

Visión que recibió Isaías hijo de Amoz acerca de Judá y Jerusalén, durante los reinados de Uzías, Jotán, Acaz y Ezequías, reyes de Judá.

Judá, nación rebelde

¡Oigan, cielos! ¡Escucha, tierra!
    Así dice el Señor:
«Yo crié hijos hasta hacerlos hombres,
    pero ellos se rebelaron contra mí.
El buey conoce a su dueño
    y el asno el pesebre de su amo;
¡pero Israel no conoce,
    mi pueblo no entiende!»

¡Ay, nación pecadora,
    pueblo cargado de culpa,
generación de malhechores,
    hijos corruptos!
¡Han abandonado al Señor!
    ¡Han despreciado al Santo de Israel!
    ¡Se han vuelto atrás!

¿Para qué recibir más golpes?
    ¿Para qué insistir en la rebelión?
Toda su cabeza está herida,
    todo su corazón está enfermo.
Desde la planta del pie hasta la coronilla
    no les queda nada sano:
todo en ellos es heridas, moretones,
    y llagas abiertas,
que no les han sido curadas ni vendadas,
    ni aliviadas con aceite.

Su país está desolado,
    sus ciudades son presa del fuego;
ante sus propios ojos
    los extraños devoran sus campos;
su país está desolado,
    como si hubiera sido destruido por extranjeros.
La bella Sión ha quedado
    como cobertizo en un viñedo,
como choza en un melonar,
    como ciudad sitiada.
Si el Señor Todopoderoso
    no nos hubiera dejado algunos sobrevivientes,
seríamos ya como Sodoma,
    nos pareceríamos a Gomorra.

10 ¡Oigan la palabra del Señor,
    gobernantes de Sodoma!
¡Escuchen la ley de nuestro Dios,
    pueblo de Gomorra!
11 «¿De qué me sirven sus muchos sacrificios?
    —dice el Señor—.
Harto estoy de holocaustos de carneros
    y de la grasa de animales engordados;
la sangre de toros, corderos y cabras
    no me complace.
12 ¿Por qué vienen a presentarse ante mí?
    ¿Quién les mandó traer animales
    para que pisotearan mis atrios?
13 No me sigan trayendo vanas ofrendas;
    el incienso es para mí una abominación.
Luna nueva, día de reposo, asambleas convocadas;
    ¡no soporto que con su adoración me ofendan!
14 Yo aborrezco sus lunas nuevas y festividades;
    se me han vuelto una carga
    que estoy cansado de soportar.
15 Cuando levantan sus manos,
    yo aparto de ustedes mis ojos;
aunque multipliquen sus oraciones,
    no las escucharé,
    pues tienen las manos llenas de sangre.
16 ¡Lávense, límpiense!
    ¡Aparten de mi vista sus obras malvadas!
¡Dejen de hacer el mal!
17     ¡Aprendan a hacer el bien!
¡Busquen la justicia y reprendan al opresor!
    ¡Aboguen por el huérfano y defiendan a la viuda!

18 »Vengan, pongamos las cosas en claro
    —dice el Señor—.
¿Son sus pecados como escarlata?
    ¡Quedarán blancos como la nieve!
¿Son rojos como la púrpura?
    ¡Quedarán como la lana!
19 ¿Están ustedes dispuestos a obedecer?
    ¡Comerán lo mejor de la tierra!
20 ¿Se niegan y se rebelan?
    ¡Serán devorados por la espada!»
            El Señor mismo lo ha dicho.

21 ¡Cómo se ha prostituido la ciudad fiel!
    Antes estaba llena de justicia.
La rectitud moraba en ella,
    pero ahora solo quedan asesinos.
22 Tu plata se ha convertido en escoria;
    tu buen vino, en agua.
23 Tus gobernantes son rebeldes,
    cómplices de ladrones;
todos aman el soborno
    y van detrás de las prebendas.
No abogan por el huérfano,
    ni se ocupan de la causa de la viuda.

24 Por eso afirma el Señor,
    el Señor Todopoderoso, el Fuerte de Israel:
«Me desquitaré de mis adversarios,
    me vengaré de mis enemigos.
25 Volveré mi mano contra ti,
    limpiaré tus escorias con lejía
    y quitaré todas tus impurezas.
26 Restauraré a tus jueces como al principio,
    y a tus consejeros como al comienzo.
Entonces serás llamada “Ciudad de justicia”,
    “Ciudad fiel”».

27 Con justicia Sión será redimida,
    y con rectitud, los que se arrepientan.
28 Pero los rebeldes y pecadores a una serán quebrantados,
    y perecerán los que abandonan al Señor.
29 Se avergonzarán de las encinas que ustedes tanto aman;
    los jardines que eligieron serán para ellos una afrenta.
30 Serán como una encina con hojas marchitas,
    como un jardín sin agua.
31 El hombre fuerte se convertirá en estopa,
    y su trabajo en chispa;
arderán los dos juntos,
    y no habrá quien los apague.

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