20 En aquel día ustedes se darán cuenta de que yo estoy en mi Padre, y ustedes en mí, y yo en ustedes.

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20 En aquel día ustedes sabrán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí, y que yo estoy en ustedes.

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20 En ese día(A) conoceréis que yo estoy en mi Padre(B), y vosotros en mí, y yo en vosotros.

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23 Le contestó Jesús:

—El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra morada en él.

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23 Jesús le respondió: «El que me ama, obedecerá mi palabra; y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y con él nos quedaremos a vivir.

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23 Jesús respondió, y le dijo: Si alguno me ama, guardará mi palabra(A); y mi Padre lo amará(B), y vendremos a él, y haremos con él morada(C).

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Nuestra morada celestial

De hecho, sabemos que, si esta tienda de campaña en que vivimos se deshace, tenemos de Dios un edificio, una casa eterna en el cielo, no construida por manos humanas.

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Bien sabemos que si se deshace nuestra casa terrenal, es decir, esta tienda que es nuestro cuerpo, en los cielos tenemos de Dios un edificio, una casa eterna, la cual no fue hecha por manos humanas.

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Porque sabemos que si la tienda terrenal que es nuestra morada[a](A), es destruida, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha por manos(B), eterna en los cielos.

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Footnotes

  1. 2 Corintios 5:1 Lit., nuestra morada terrenal de la tienda

26 Quien quiera servirme debe seguirme; y donde yo esté, allí también estará mi siervo. A quien me sirva, mi Padre lo honrará.

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26 Si alguno me sirve, sígame; donde yo esté, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirve, mi Padre lo honrará.

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26 Si alguno me sirve, que me siga; y donde yo estoy, allí también estará mi servidor(A); si alguno me sirve, el Padre lo honrará(B).

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