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Manifestaciones del poder de Dios

Respondió Jehová a Job desde el torbellino, y dijo:

Cíñete ahora como varón tus lomos;
Yo te preguntaré, y tú me responderás.

¿Invalidarás tú también mi juicio?
¿Me condenarás a mí, para justificarte tú?

¿Tienes tú un brazo como el de Dios?
¿Y truenas con voz como la suya?

10 Adórnate ahora de majestad y de alteza,
Y vístete de honra y de hermosura.

11 Derrama el ardor de tu ira;
Mira a todo altivo, y abátelo.

12 Mira a todo soberbio, y humíllalo,
Y quebranta a los impíos en su sitio.

13 Encúbrelos a todos en el polvo,
Encierra sus rostros en la oscuridad;

14 Y yo también te confesaré
Que podrá salvarte tu diestra.

15 He aquí ahora behemot, el cual hice como a ti;
Hierba come como buey.

16 He aquí ahora que su fuerza está en sus lomos,
Y su vigor en los músculos de su vientre.

17 Su cola mueve como un cedro,
Y los nervios de sus muslos están entretejidos.

18 Sus huesos son fuertes como bronce,
Y sus miembros como barras de hierro.

19 El es el principio de los caminos de Dios;
El que lo hizo, puede hacer que su espada a él se acerque.

20 Ciertamente los montes producen hierba para él;
Y toda bestia del campo retoza allá.

21 Se echará debajo de las sombras,
En lo oculto de las cañas y de los lugares húmedos.

22 Los árboles sombríos lo cubren con su sombra;
Los sauces del arroyo lo rodean.

23 He aquí, sale de madre el río, pero él no se inmuta;
Tranquilo está, aunque todo un Jordán se estrelle contra su boca.

24 ¿Lo tomará alguno cuando está vigilante,
Y horadará su nariz?

41  ¿Sacarás tú al leviatán(A) con anzuelo,
O con cuerda que le eches en su lengua?

¿Pondrás tú soga en sus narices,
Y horadarás con garfio su quijada?

¿Multiplicará él ruegos para contigo?
¿Te hablará él lisonjas?

¿Hará pacto contigo
Para que lo tomes por siervo perpetuo?

¿Jugarás con él como con pájaro,
O lo atarás para tus niñas?

¿Harán de él banquete los compañeros?
¿Lo repartirán entre los mercaderes?

¿Cortarás tú con cuchillo su piel,
O con arpón de pescadores su cabeza?

Pon tu mano sobre él;
Te acordarás de la batalla, y nunca más volverás.

He aquí que la esperanza acerca de él será burlada,
Porque aun a su sola vista se desmayarán.

10 Nadie hay tan osado que lo despierte;
¿Quién, pues, podrá estar delante de mí?

11 ¿Quién me ha dado a mí primero, para que yo restituya?(B)
Todo lo que hay debajo del cielo es mío.

12 No guardaré silencio sobre sus miembros,
Ni sobre sus fuerzas y la gracia de su disposición.

13 ¿Quién descubrirá la delantera de su vestidura?
¿Quién se acercará a él con su freno doble?

14 ¿Quién abrirá las puertas de su rostro?
Las hileras de sus dientes espantan.

15 La gloria de su vestido son escudos fuertes,
Cerrados entre sí estrechamente.

16 El uno se junta con el otro,
Que viento no entra entre ellos.

17 Pegado está el uno con el otro;
Están trabados entre sí, que no se pueden apartar.

18 Con sus estornudos enciende lumbre,
Y sus ojos son como los párpados del alba.

19 De su boca salen hachones de fuego;
Centellas de fuego proceden.

20 De sus narices sale humo,
Como de una olla o caldero que hierve.

21 Su aliento enciende los carbones,
Y de su boca sale llama.

22 En su cerviz está la fuerza,
Y delante de él se esparce el desaliento.

23 Las partes más flojas de su carne están endurecidas;
Están en él firmes, y no se mueven.

24 Su corazón es firme como una piedra,
Y fuerte como la muela de abajo.

25 De su grandeza tienen temor los fuertes,
Y a causa de su desfallecimiento hacen por purificarse.

26 Cuando alguno lo alcanzare,
Ni espada, ni lanza, ni dardo, ni coselete durará.

27 Estima como paja el hierro,
Y el bronce como leño podrido.

28 Saeta no le hace huir;
Las piedras de honda le son como paja.

29 Tiene toda arma por hojarasca,
Y del blandir de la jabalina se burla.

30 Por debajo tiene agudas conchas;
Imprime su agudez en el suelo.

31 Hace hervir como una olla el mar profundo,
Y lo vuelve como una olla de ungüento.

32 En pos de sí hace resplandecer la senda,
Que parece que el abismo es cano.

33 No hay sobre la tierra quien se le parezca;
Animal hecho exento de temor.

34 Menosprecia toda cosa alta;
Es rey sobre todos los soberbios.

Confesión y justificación de Job

42  Respondió Job a Jehová, y dijo:

Yo conozco que todo lo puedes,
Y que no hay pensamiento que se esconda de ti.

¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento?(C)
Por tanto, yo hablaba lo que no entendía;
Cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía.

Oye, te ruego, y hablaré;
Te preguntaré, y tú me enseñarás.(D)

De oídas te había oído;
Mas ahora mis ojos te ven.

Por tanto me aborrezco,
Y me arrepiento en polvo y ceniza.

El Señor le respondió a Job desde la tempestad. Le dijo:

«Prepárate a hacerme frente.
    Yo te cuestionaré, y tú me responderás.

»¿Vas acaso a invalidar mi justicia?
    ¿Me harás quedar mal para que tú quedes bien?
¿Tienes acaso un brazo como el mío?
    ¿Puede tu voz tronar como la mía?
10 Si es así, cúbrete de gloria y esplendor;
    revístete de honra y majestad.
11 Da rienda suelta a la furia de tu ira;
    mira a los orgullosos, y humíllalos;
12 mira a los soberbios, y somételos;
    aplasta a los malvados donde se hallen.
13 Entiérralos a todos en el polvo;
    amortaja sus rostros en la fosa.
14 Yo, por mi parte, reconoceré
    que en tu mano derecha está la salvación.

15 »Mira a Behemot,[a] criatura mía igual que tú,
    que se alimenta de hierba, como los bueyes.
16 ¡Cuánta fuerza hay en sus lomos!
    ¡Su poder está en los músculos de su vientre!
17 Su rabo se mece como un cedro;
    los tendones de sus muslos se entrelazan.
18 Sus huesos son como barras de bronce;
    sus piernas parecen barrotes de hierro.
19 Entre mis obras ocupa el primer lugar,
    solo yo, su Hacedor, puedo acercármele con la espada.
20 Los montes le brindan sus frutos;
    allí juguetean todos los animales salvajes.
21 Debajo de los lotos se tiende a descansar;
    se oculta entre los juncos del pantano.
22 Los lotos le brindan su sombra;
    los álamos junto al río lo envuelven.
23 No se alarma si brama el río;
    vive tranquilo aunque el Jordán le llegue al hocico.
24 ¿Quién ante sus ojos se atreve a capturarlo?
    ¿Quién puede atraparlo y perforarle la nariz?

41 »¿Puedes pescar a Leviatán con un anzuelo,
    o atarle la lengua con una cuerda?
¿Puedes ponerle un cordel en la nariz,
    o perforarle la quijada con un gancho?
¿Acaso amablemente va a pedirte
    o suplicarte que le tengas compasión?
¿Acaso va a comprometerse
    a ser tu esclavo de por vida?
¿Podrás jugar con él como juegas con los pájaros,
    o atarlo para que tus niñas se entretengan?
¿Podrán los mercaderes ofrecerlo como mercancía,[b]
    o cortarlo en pedazos para venderlo?
¿Puedes atravesarle la piel con lanzas,
    o la cabeza con arpones?
Si llegas a ponerle la mano encima,
    ¡jamás te olvidarás de esa batalla,
    y no querrás repetir la experiencia!
Vana es la pretensión de llegar a someterlo;
    basta con verlo para desmayarse.[c]
10 No hay quien se atreva siquiera a provocarlo;
    ¿quién, pues, podría hacerle frente?
11 ¿Y quién tiene alguna cuenta que cobrarme?
    ¡Mío es todo cuanto hay bajo los cielos!

12 »No puedo dejar de mencionar sus extremidades,
    su fuerza y su elegante apariencia.
13 ¿Quién puede despojarlo de su coraza?
    ¿Quién puede acercarse a él y ponerle un freno?
14 ¿Quién se atreve a abrir el abismo de sus fauces,
    coronadas de terribles colmillos?
15 Tiene el lomo[d] recubierto de hileras de escudos,
    todos ellos unidos en cerrado tejido;
16 tan juntos están uno al otro
    que no dejan pasar ni el aire;
17 tan prendidos están uno del otro,
    tan unidos entre sí, que no pueden separarse.
18 Resopla y lanza deslumbrantes relámpagos;
    sus ojos se parecen a los rayos de la aurora.
19 Ascuas de fuego brotan de su hocico;
    chispas de lumbre salen disparadas.
20 Lanza humo por la nariz,
    como olla hirviendo sobre un fuego de juncos.
21 Con su aliento enciende los carbones,
    y lanza fuego por la boca.
22 En su cuello radica su fuerza;
    ante él, todo el mundo pierde el ánimo.
23 Los pliegues de su piel son un tejido apretado;
    firmes son, e inconmovibles.
24 Duro es su pecho, como una roca;
    sólido, cual piedra de molino.
25 Cuando se yergue, los poderosos tiemblan;
    cuando se sacude, emprenden la huida.
26 La espada, aunque lo alcance, no lo hiere,
    ni lo hieren tampoco los dardos,
    ni las lanzas y las jabalinas.
27 Al hierro lo trata como a paja,
    y al bronce como a madera podrida.
28 No lo hacen huir las flechas;
    ve como paja las piedras de las hondas.
29 Los golpes del mazo apenas le hacen cosquillas;
    se burla del silbido de la lanza.
30 Sus costados son dentados tiestos
    que en el fango van dejando huellas de rastrillos.
31 Hace hervir las profundidades como un caldero;
    agita los mares como un frasco de ungüento.
32 Una estela brillante va dejando tras de sí,
    cual si fuera la blanca cabellera del abismo.
33 Es un monstruo que a nada teme;
    nada hay en el mundo que se le parezca.
34 Mira con desdén a todos los poderosos;
    ¡él es rey de todos los soberbios!»

Respuesta de Job

42 Job respondió entonces al Señor. Le dijo:

«Yo sé bien que tú lo puedes todo,
    que no es posible frustrar ninguno de tus planes.
“¿Quién es este —has preguntado—,
    que sin conocimiento oscurece mi consejo?”
Reconozco que he hablado de cosas
    que no alcanzo a comprender,
de cosas demasiado maravillosas
    que me son desconocidas.

»Dijiste:[e] “Ahora escúchame, yo voy a hablar;
    yo te cuestionaré, y tú me responderás”.
De oídas había oído hablar de ti,
    pero ahora te veo con mis propios ojos.
Por tanto, me retracto de lo que he dicho,
    y me arrepiento en polvo y ceniza».

Footnotes

  1. 40:15 Behemot. Posiblemente se trata del hipopótamo o del elefante.
  2. 41:6 como mercancía. Alt. en un banquete.
  3. 41:9 basta con … para desmayarse. Alt. ¡hasta un dios se desmayó al verlo!
  4. 41:15 lomo (véanse LXX y Vulgata); orgullo (TM).
  5. 42:4 Dijiste. Véase 38:3.

Dios vuelve a interpelar a Job

Volvió el Señor a hablarle a Job de en medio de la tempestad.

El Señor

Muéstrame ahora tu valentía,
y respóndeme a estas preguntas:
¿Pretendes declararme injusto y culpable,
a fin de que tú aparezcas inocente?
¿Acaso eres tan fuerte como yo?
¿Es tu voz de trueno, como la mía?
10 Revístete entonces de grandeza y majestad,
cúbrete de gloria y esplendor.
11 Mira a todos los orgullosos:
da rienda suelta a tu furor y humíllalos.
12 Sí, derríbalos con tu mirada,
aplasta a los malvados donde se encuentren.
13 Sepúltalos a todos en la tierra,
enciérralos en la prisión de los muertos.
14 Entonces yo mismo reconoceré
que fue tu poder el que te dio la victoria.

15 Fíjate en el monstruo Behemot,
criatura mía igual que tú:
come hierba, como los bueyes;
16 mira qué fuertes son sus lomos,
y qué poderosos sus músculos.
17 Su cola es dura como el cedro,
los tendones de sus patas forman nudos.
18 Sus huesos son como tubos de bronce, como barras de hierro.
19 Es mi obra maestra;
sólo yo, su creador, puedo derrotarlo.
20 De los montes, donde juegan las fieras,
le traen hierba para que coma.
21 Se echa debajo de los lotos,
se esconde entre las cañas del pantano.
22 Los lotos le dan sombra,
los álamos del arroyo lo rodean.
23 Si el río crece, no se asusta;
aunque el agua le llegue al hocico, está tranquilo.
24 ¿Quién es capaz de agarrarlo y sacarle los ojos,
o de pasarle un lazo por la nariz?

41 (40.25) Y a Leviatán, ¿lo pescarás con un anzuelo?
¿Podrás atarle la lengua con una cuerda?
(40.26) ¿Podrás pasarle un cordel por las narices
o atravesarle con un gancho la quijada?
(40.27) ¿Acaso va a rogarte que le tengas compasión,
y a suplicarte con palabras tiernas?
(40.28) ¿Acaso harás que te prometa
ser tu esclavo toda la vida?
(40.29) ¿Jugarás con él como con un pajarito?
¿Lo atarás como juguete de tus hijas?
(40.30) ¿Se pondrán a regatear por él en el mercado?
¿Lo cortarán en pedazos para venderlo?
(40.31) ¿Podrás atravesarle el cuero con flechas,
o la cabeza con arpones?
(40.32) Si llegas a ponerle la mano encima,
te dará tal batalla que no la olvidarás,
y nunca volverás a hacerlo.

(1) Con sólo ver a Leviatán,
cualquiera se desmaya de miedo.
10 (2) Si alguien lo provoca, se pone furioso;
nadie es capaz de hacerle frente.
11 (3) ¿Quién, que se le enfrente, saldrá sano y salvo?
¡Nadie en todo el mundo!
12 (4) No dejaré de mencionar sus patas
y su fuerza sin igual.
13 (5) ¿Quién puede quitarle el cuero que lo cubre,
o atravesar su doble coraza protectora?
14 (6) ¿Quién puede abrirle el hocico,
con su cerco de terribles dientes?
15 (7) Sus lomos son hileras de escudos
cerrados y duros como la piedra.
16 (8) Tan apretados están unos contra otros,
que ni el aire puede pasar entre ellos.
17 (9) Tan unidos y trabados están,
que nadie puede separarlos.
18 (10) Sus estornudos son como relámpagos;
sus ojos brillan como el sol cuando amanece.
19 (11) De su hocico salen llamaradas
y se escapan chispas de fuego.
20 (12) De sus narices sale humo,
como de una caldera que hierve al fuego.
21 (13) Su aliento enciende las brasas,
de su hocico salen llamas.
22 (14) Su cuello es tan fuerte
que ante él todos se llenan de miedo.
23 (15) Aun la parte carnosa de su cuerpo
es dura e impenetrable, como hierro fundido.
24 (16) Tiene el corazón duro como la roca,
duro como piedra de moler.
25 (17) Cuando él se levanta, los dioses se espantan
y huyen llenos de terror.
26 (18) Ni espada ni lanza ni flecha ni dardo
sirven de nada para atacarlo.
27 (19) Para él, el hierro es como paja,
y el bronce como madera podrida.
28 (20) Las flechas no lo hacen huir;
lanzarle piedras es como lanzarle paja.
29 (21) Un golpe de mazo le es como un golpe de caña;
se ríe al oír silbar las jabalinas.
30 (22) Cuando se arrastra, abre surcos en el barro,
como si lo hiciera con afilados trillos.
31 (23) Hace hervir como una olla al mar profundo;
como una caldera para mezclar ungüentos.
32 (24) Va dejando en el agua una estela
blanca y brillante como melena de canas.
33 (25) No hay en la tierra nada que se le parezca;
fue hecho para no sentir miedo jamás.
34 (26) Hace frente aun a los más arrogantes,
y es el rey de todas las fieras.

Job reconoce la sabiduría de Dios

Job

42 Yo sé que tú lo puedes todo
y que no hay nada que no puedas realizar.
¿Quién soy yo para dudar de tu providencia,
mostrando así mi ignorancia?
Yo estaba hablando de cosas que no entiendo,
cosas tan maravillosas que no las puedo comprender.
Tú me dijiste: «Escucha, que quiero hablarte;
respóndeme a estas preguntas.»
Hasta ahora, sólo de oídas te conocía,
pero ahora te veo con mis propios ojos.
Por eso me retracto arrepentido,
sentado en el polvo y la ceniza.