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Deberes para con los padres

Hijos míos, escúchenme a mí, que soy su padre;
sigan mis consejos y se salvarán.
El Señor quiere que el padre sea honrado por sus hijos,
y que la autoridad de la madre sea respetada por ellos.
El que respeta a su padre alcanza el perdón de sus pecados,
y el que honra a su madre reúne una gran riqueza.
El que respeta a su padre recibirá alegría de sus propios hijos;
cuando ore, el Señor lo escuchará.
El que honra a su padre tendrá larga vida;
el que respeta a su madre será premiado por el Señor,
pues obedece a sus padres como si fueran sus amos.
Hijo mío, honra a tu padre con obras y palabras,
y así recibirás toda clase de bendiciones.
Porque la bendición del padre da raíces firmes a una familia,
pero la maldición de la madre la arranca de raíz.
10 No te sientas orgulloso viendo a tu padre pasar vergüenza,
pues esto no es ninguna honra para ti.
11 El honor de un hijo está en el honor de su padre;
en cambio, el que desprecia a su madre se llena de pecados.
12 Hijo mío, empéñate en honrar a tu padre;
no lo abandones mientras tengas vida.
13 Aunque su inteligencia se debilite, sé comprensivo con él;
no lo avergüences mientras viva.
14 Socorrer al padre es algo que no se olvidará;
será como ofrecer sacrificio por los pecados.
15 Cuando estés en aflicción, Dios se acordará de ti
y perdonará tus pecados,
como el calor del sol derrite el hielo.
16 El que abandona a su padre ofende al Señor,
y el que hace enojar a su madre es maldecido por Dios.

Humildad

17 Hijo mío, sé humilde en todo lo que hagas,
y te estimarán más que al que hace muchos regalos.
18 Cuanto más grande seas, más deberás humillarte;
así agradarás a Dios.
19 Porque grande es la misericordia de Dios,
20 y él revela a los humildes sus secretos.
21 No busques lo que es demasiado elevado para ti,
ni quieras saber lo que es demasiado difícil.
22 Procura entender lo que Dios te ha mandado
y no te preocupes de lo que está en secreto.
23 No te inquietes por lo que te sobrepasa,
pues lo que has visto ya es demasiado para ti.
24 Muchos se han dejado engañar por sus propias ideas,
y falsos pensamientos han desequilibrado su mente.

26 Al que es terco, al fin le irá mal,
y el que ama el peligro, en él perecerá.
27 Al terco le esperan muchos sufrimientos,
y el pecador amontona más y más pecados.
28 La desgracia del orgulloso no tiene remedio,
pues es el retoño de una mala planta.
29 El sabio entiende los proverbios de los sabios;
el que escucha atentamente se alegra en la sabiduría.

La ayuda al necesitado

30 El agua apaga el fuego que arde,
y el dar limosnas consigue el perdón de los pecados.
31 Del que hace el bien se acordarán después;
cuando resbale, encontrará quien lo sostenga.