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Job 25-27 Reina-Valera Antigua (RVA)

25 Y RESPONDIO Bildad Suhita, y dijo:

El señorío y el temor están con él: El hace paz en sus alturas.

¿Tienen sus ejércitos número? ¿Y sobre quién no está su luz?

¿Cómo pues se justificará el hombre con Dios? ¿Y cómo será limpio el que nace de mujer?

He aquí que ni aun la misma luna será resplandeciente, Ni las estrellas son limpias delante de sus ojos.

¿Cuánto menos el hombre que es un gusano, Y el hijo de hombre, también gusano?

26 Y RESPONDIO Job, y dijo:

¿En qué ayudaste al que no tiene fuerza? ¿Has amparado al brazo sin fortaleza?

¿En qué aconsejaste al que no tiene ciencia, Y mostraste bien sabiduría?

¿A quién has anunciado palabras, Y cuyo es el espíritu que de ti sale?

Cosas inanimadas son formadas Debajo de las aguas, y los habitantes de ellas.

El sepulcro es descubierto delante de él, Y el infierno no tiene cobertura.

Extiende el alquilón sobre vacío, Cuelga la tierra sobre nada.

Ata las aguas en sus nubes, Y las nubes no se rompen debajo de ellas.

El restriñe la faz de su trono, Y sobre él extiende su nube.

10 El cercó con término la superficie de las aguas, Hasta el fin de la luz y las tinieblas.

11 Las columnas del cielo tiemblan, Y se espantan de su reprensión.

12 El rompe la mar con su poder, Y con su entendimiento hiere la hinchazón suya.

13 Su espíritu adornó los cielos; Su mano crió la serpiente tortuosa.

14 He aquí, estas son partes de sus caminos: ­Mas cuán poco hemos oído de él! Porque el estruendo de sus fortalezas, ¿quién lo detendrá?

27 Y REASUMIO Job su discurso, y dijo:

Vive Dios, el cual ha apartado mi causa, Y el Omnipotente, que amargó el alma mía,

Que todo el tiempo que mi alma estuviere en mí, Y hubiere hálito de Dios en mis narices,

Mis labios no hablarán iniquidad, Ni mi lengua pronunciará engaño.

Nunca tal acontezca que yo os justifique: Hasta morir no quitaré de mí mi integridad.

Mi justicia tengo asida, y no la cederé: No me reprochará mi corazón en el tiempo de mi vida.

Sea como el impío mi enemigo, Y como el inicuo mi adversario.

Porque ¿cuál es la esperanza del hipócrita, por mucho que hubiere robado, Cuando Dios arrebatare su alma?

¿Oirá Dios su clamor Cuando la tribulación sobre él viniere?

10 ¿Deleitaráse en el Omnipotente? ¿Invocará á Dios en todo tiempo?

11 Yo os enseñaré en orden á la mano de Dios: No esconderé lo que hay para con el Omnipotente.

12 He aquí que todos vosotros lo habéis visto: ¿Por qué pues os desvanecéis con fantasía?

13 Esta es para con Dios la suerte del hombre impío, Y la herencia que los violentos han de recibir del Omnipotente.

14 Si sus hijos fueren multiplicados, serán para el cuchillo; Y sus pequeños no se hartarán de pan;

15 Los que le quedaren, en muerte serán sepultados; Y no llorarán sus viudas.

16 Si amontonare plata como polvo, Y si preparare ropa como lodo;

17 Habrála él preparado, mas el justo se vestirá, Y el inocente repartirá la plata.

18 Edificó su casa como la polilla, Y cual cabaña que el guarda hizo.

19 El rico dormirá, mas no será recogido: Abrirá sus ojos, mas él no será.

20 Asirán de él terrores como aguas: Torbellino lo arrebatará de noche.

21 Lo antecogerá el solano, y partirá; Y tempestad lo arrebatará del lugar suyo.

22 Dios pues descargará sobre él, y no perdonará: Hará él por huir de su mano.

23 Batirán sus manos sobre él, Y desde su lugar le silbarán.

Hechos 12 Reina-Valera Antigua (RVA)

12 Y EN el mismo tiempo el rey Herodes echó mano á maltratar algunos de la iglesia.

Y mató á cuchillo á Jacobo, hermano de Juan.

Y viendo que había agradado á los Judíos, pasó adelante para prender también á Pedro. Eran entonces los días de los ázimos.

Y habiéndole preso, púsole en la cárcel, entregándole á cuatro cuaterniones de soldados que le guardasen; queriendo sacarle al pueblo después de la Pascua.

Así que, Pedro era guardado en la cárcel; y la iglesia hacía sin cesar oración á Dios por él.

Y cuando Herodes le había de sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, preso con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta, que guardaban la cárcel.

Y he aquí, el ángel del Señor sobrevino, y una luz resplandeció en la cárcel; é hiriendo á Pedro en el lado, le despertó, diciendo: Levántate prestamente. Y las cadenas se le cayeron de las manos.

Y le dijo el ángel: Cíñete, y átate tus sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Rodéate tu ropa, y sígueme.

Y saliendo, le seguía; y no sabía que era verdad lo que hacía el ángel, mas pensaba que veía visión.

10 Y como pasaron la primera y la segunda guardia, vinieron á la puerta de hierro que va á la ciudad, la cual se les abrió de suyo: y salidos, pasaron una calle; y luego el ángel se apartó de él.

11 Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes, y de todo el pueblo de los Judíos que me esperaba.

12 Y habiendo considerado esto, llegó á casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban juntos orando.

13 Y tocando Pedro á la puerta del patio, salió una muchacha, para escuchar, llamada Rhode:

14 La cual como conoció la voz de Pedro, de gozo no abrió el postigo, sino corriendo adentro, dió nueva de que Pedro estaba al postigo.

15 Y ellos le dijeron: Estás loca. Mas ella afirmaba que así era. Entonces ellos decían: Su ángel es.

16 Mas Pedro perseveraba en llamar: y cuando abrieron, viéronle, y se espantaron.

17 Mas él haciéndoles con la mano señal de que callasen, les contó cómo el Señor le había sacado de la cárcel. Y dijo: Haced saber esto á Jacobo y á los hermanos. Y salió, y partió á otro lugar.

18 Luego que fué de día, hubo no poco alboroto entre los soldados sobre qué se había hecho de Pedro.

19 Mas Herodes, como le buscó y no le halló, hecha inquisición de los guardas, los mandó llevar. Después descendiendo de Judea á Cesarea, se quedó allí.

20 Y Herodes estaba enojado contra los de Tiro y los de Sidón: mas ellos vinieron concordes á él, y sobornado Blasto, que era el camarero del rey, pedían paz; porque las tierras de ellos eran abastecidas por las del rey.

21 Y un día señalado, Herodes vestido de ropa real, se sentó en el tribunal, y arengóles.

22 Y el pueblo aclamaba: Voz de Dios, y no de hombre.

23 Y luego el ángel del Señor le hirió, por cuanto no dió la gloria á Dios; y espiró comido de gusanos.

24 Mas la palabra del Señor crecía y era multiplicada.

25 Y Bernabé y Saulo volvieron de Jerusalem cumplido su servicio, tomando también consigo á Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos.

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